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Hay un secreto que creo importante hay que contar.img_6996

Las mujeres guardamos muchos secretos. Muchos y se nos obliga desde niñas a callarnos la boca. Todo eso que escuchamos detrás de la puerta lo debemos guardar para siempre. Eso que vimos, también. Eso que nos pasó con el primo mayor o con el tío, obvio que jamás lo vamos a contar. “No me hicieron tan mal los golpes y los correazos de mi papá, me hacía más mal cuando me dejaban sola, me hacía más mal las ausencias de mi mamá y quedarme con mi papá…” No sólo guardamos los secretos de cuando fuimos niñas, también guardamos los secretos que vivimos hoy de adultas. “No voy a decirle a nadie que sabía que entregaba a mi hija sabiendo que podía ser abusada, pero era tal mi cansancio que no me importaba… me sentía tan enferma, tan sola, tan deprimida…” “No diré los sobre los negocios asquerosos de mi marido”, “no, jamás diré sobre la cantidad de pornografía infantil que encontré en su computador y el pánico que siento con mi hija y él, mi pareja…”

Jamás diré que ese médico me tocó mi vulva, era endocrinólogo, no tenía porque meterme el dedo en mi vagina, pero lo hizo, me pidió que me pusiera en posición ovillo… tenía 15 años y estaba en una clínica privada de Santiago, no puedo decírselo a nadie… menos a mi mamá, no quiero hacerla sentir mal… ahora entiendo, no me cuidaron ¿Por qué iba sola al doctor?”

“Jamás diré que mi abuela era alcohólica y en medio de sus borracheras mientras mis padres salían me contaba historias de terror, las olvidé todas, pero ahora a mis treinta tengo tanto miedo cada vez que siento el olor a playa y cuando se levanta viento, ese tipo de viento que anuncia un temblor.” “Nunca en la vida diré que me prostituyo para mi marido, se puede notar, quizás hasta él lo note y mis hijas, pero no lo diré, es lo que hay, es lo que aprendí.” Y puedo seguir… estas frases no son textuales, son tres cuartos ficción y no para mejor, la realidad supera la ficción.

La verdad de las verdades es que las mujeres heredamos secretos familiares y guardamos experiencias que consideremos serán imperdonables: infidelidades, abortos, sexualidades, deseos, golpes, abusos, crímenes, robos, fantasías, envidias, enfermedades, lesiones, momentos de odio hacia nuestros propios hijos. Estamos seguras, jamás nadie nos va a poder escuchar, comprender y ayudar a elaborar. Creemos no merecemos el perdón de nadie, menos, de nosotras mismas.

¿Por qué?

Porque existe un mandato muy potente, las mujeres debemos ser buenas, calladas, cuidadoras, bien portadas, santas, no putas, jamás fuertes, nunca hablar brusco, jamás ensuciar y desordenar, sino todo lo contrario, se nos preparó para limpiar, lavar lo que otros ensucian, incluso para ser la guardadora de los secretos de otros, de lo contrario, las penas del infierno. Lavar, ordenar, cuidar, guardar… secretos.

El problema es que las penas del infierno las vivimos igual, justamente por guardar secretos y seguir obedientes el mandato de “cállate la boca”.

Los secretos, “Los Secretos Asesinos” como dice Clarissa Pinkola pg. 522 de su gran libro, toman lugar siempre, en forma de síntomas como estrés crónico, fibromialgias, úlceras, cánceres, depresiones, crisis de pánico, etc. como lo dice Adriana Schnake en su título “La Voz del Síntoma” es decir, el síntoma eso que describo más arriba, tiene una voz, quiere decirnos algo, seguro algo que nos pasó pero que callamos, no siempre de manera consciente, muchas veces es de manera inconscientemente defensiva para poder seguir sobreviviendo apenas, pero, al menos, sobreviviendo. Así como dice otra autora Joyce Mc Dougall, con su título “Los escenarios del cuerpo” cada órgano o el cuerpo entero, es un escenario para escenificar el guión del conflicto o trauma que guardamos, incluso los secretos de familias, como ese hijo que se mira con cara de será o no mi hijo, esas miradas, impactan el cuerpo de ese niño y actuará, saldrá alguna vez a la luz, en forma de sueños, chistes, nuevas actuaciones, nuevos conflictos… siempre la vida se encarga de que la verdad salga, porque nosotros no toleramos no hablar, es tan tan tan necesario poner en palabras eso que camina como fantasma en nuestros cuerpos, eso que nos quita el sueño, que debemos silenciar con tanto trabajo, drogas, enfermedades, mentes en blanco, desmayos, disociaciones, taquicarias, alcoholismos, etc. Es bueno también leer “Secretos en la Familia” Pincus y Dare.

La verdad, es que se nos prohíbe hablar, y cuando hablamos, sobre todas las mujeres se nos tilda de locas, simplemente porque tenemos un poder sabemos la verdad que nadie quiere que se sepa, ahí aparece “la loca de la familia” “la bruja de la sociedad” ellas las quemadas que atentaban contra el capitalismo porque sencillamente educan a otras en el poder que tiene sus cuerpos y en lo gratuito que es gestar, parir, amamantar, criar y educar, todo un atentado al capitalismo del patriarcado, que viene a derrumbar, moles de negocios realizados gracias a callar por la quema de brujas a las mujeres. “Las Locas” y ahí aparece la antropóloga Marcela Lagarde con su texto “Los cautiverios de las mujeres” una de ellos: La Loca. Ahí nos tiran a varias, justamente las que no toleramos las dinámicas de los secretos, las mentiras, los silencios, porque sabemos a ciencia cierta, dañan. Se nos tira ahí a las que no queremos nos corten nuestra autonomía, las que no queremos obedecer ciegamente leyes de otros, a las que queremos seguir las nuestras “reglas”. Y existimos mujeres capaces de escuchar sin ni un miedo todo lo que nos ocurre a las mujeres, porque lo que nos ocurre, nos ha ocurrido siempre y es hora de hablar para que pare de ocurrir. Simplemente porque nos hace daño, porque levamos una carga enorme encima, silenciada por un lema de supuesta liberación femenina porque tomamos anticonceptivos, que la verdad nos anulan nuestros ciclos, mientras ellos siguen libres, por que votamos por gobiernos patriarcales que no regulan leyes que nos ayuden a vivir según nuestras necesidades, porque trabajamos en un ambiente laboral masculino, no femenino, ojo, no para nosotras, viviendo una sexualidad miserable porque no recibimos educación sexual, maternidades pesadas, castigadas y divididas entre ser la mujer perfecta (gracias publicidad) trabajar, ser independiente, monogámica, y buena madre bajo el arquetipo de la virgen María… y porque estamos llenas de culpas

No más secretos… es hora de hablar, a calzón quitao. ¿qué hay de malo?

Hablar para olvidar. Créanlo. Hablar para que el cuerpo descanse. hablar para que dejemos de repetir los conflictos. Hablar para que los secretos se hablen y así no pesen en nuestros cuerpos ni en nuestros hijos ni en nuestras hijas.

Leslie Power

Feliz día de las mujeres madres y para las hijas de las mujeres madres, no es fácil ser hija de mujeres silenciadas. Secretos.

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