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yo

Se acaba de ir una paciente quien desarmada en el sillón lloraba y me decía: “no soy feliz, no me gusta cambiar pañales, quiero arrancar de mi casa, ya no canto, no leo, no hago nada de lo que me gusta…”

La semana pasada, otra mujer me contaba con una cara de cansancio que ya no daba más … “¡y como no!” le dije, “si este año ha sido tremendo y has estado tan sola, tan sola con los 4” y al decir, “tan sola con los 4”, las dos sentimos y sabemos que un mundo completo se abre y se lee en esa frase, un cuento de terror, una de esas series que jamás reflejan el dolor real que ha vivido, ella, sus hijos y su marido. Ella, la valiente, no supo que al dejar de trabajar y al entrar en contacto con la niñez de sus hijos se abriría en ella lo reprimido de su propia niñez. Terror. Y acá estamos alumbrando con linternas, velas para matar los monstruos de esos tiempos. Está cansada pero con la certeza de liberación.

Otra mujer, que trabaja medio día y el resto del día corre entre supermercado, doctores, ir a buscar e ir a dejar a niños a la casa de amigos, a comprar regalos de cumpleaños, organizar la casa (jardín, perros, cañerías que se rompen, etc, además de venir a terapia y hacerse cargo de una historia de abandono materno y abusos, me decía que se sentía reventada, que entendía que su pareja tenía que trabajar y que también entendía que en esta sociedad el trabajo enajena y que los horarios laborales no son compatibles con la crianza. Ella siempre entiende todo. Además me decía que se sentía culpable de que él aportara más que ella y también siente culpa de cansarse, que existen tantas mujeres que lo pasan peor que ella. Seguro de niña le dijo que habían niños que no tenían comida y con más problemas que los de ellas, minimizando los de ella y dejándola a la deriva. Y me quedé mirándola en silencio y le dije, que yo también entendía todo eso, pero que me dolía mucho su historia de niña abandonada y abusada y que sentía que corría y que mientras corría, corría justamente para no sentirse y no parar y poder sostener a la niña no atendida que está en ella. Lloramos juntas. Y decidimos escuchar y atender a la que estaba escondida allá adentro sin haber sido bien atendida y cuidada nunca.

Las mujeres de hoy, las que me visitan en la consulta, las que se sientan en los #circulosdemujeres por 4 horas, muchas no se han visto nunca ¡y claro! Si no han sido vistas antes por quienes debieron bien verlas … y acá nos sentamos con un café calentito con canela sobre la leche o con una agüita que caliente el alma para dar paso a escucharse, mirarse, sentirse y permitirse ser y encontrar su espontaneidad y ser la niña que iban a ser antes de los abusos, golpes, faltas de cuidados, abandonos. Acá comienza a aparecer la verdadera, la fuerte. La mujer libre es la que se permite sentarse llena de lágrimas, desparramarse en el sillón, confiar, soltar los músculos, la armadura que tanto nos sirvió y siente el placer de ser comprendida y ahí suspira grande y hondo… comienza a nacer la mujer libre… la que se apaña a si misma, la digna, la que no permite más abusos, la que se comprende y deja de lado la que debe ganar plata porque debe, sin hacer lo que su cuerpo desea. Nace la mujer libre cuando canta, baila y se ríe con sus hijos sin miedo a repetir la historia de su vida y saca toda maleza. las canciones que le gusta cantar y desde donde se puede inspirar para poder luego bailar con sus hijos, enraizando a la tierra sacando toda maleza. La mujer libre se acepta incluso con sus abusos de niña pero ya no quiere más abusos por tanto, dice, “no gracias, acá no voy”, “así no me gusta”, “no, no quiero”. La mujer libre no se compra ningún cuento de quien es la mejor madre, si somos todas mujeres criando con una biografía de vida y con discursos y mandatos bien insoportables, en una sociedad donde seguimos siendo castigas por el solo hecho de ser mujeres. Humildad para criar, humildad y cariño para con nosotras mismas, menos exigencias y con las demás también. No está fácil. Sé libre. Y deja libre a las demás.

Movámonos a nuestro ritmo, conozcámonos, tomémonos tiempo para respirarnos, para saber donde vibramos, para saber que todo tiene sus ciclos y que no todo dura toda la vida, busca tus mujeres, tus hombres, tus lugares, tus ropas, tus collares, tus anillos, tu maquillaje, tus olores, tus besos, tus plantas, tu cocina, tu telar, tu escoba, busquémonos y encontrémonos en nosotras no mirando a las otras, ni al pediatra Carlos Gonzalez ni a la Laura Gutman, ni en la “Juanita Perez”. Lee lo que quieras, pero sigue tu mundo interno, que la verdad de todo está ahí, en tus secretos, intuiciones, deseos.

Búscate en tu historia, revísala sin miedo, que tu historia es tuya y merece ser escuchada, mirada, cuidada y sé libre… y olvídate de las culpas, ya tenemos demasiado.

Quiero que seamos mujeres libres.

Leslie Power

Psicóloga Clínica