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No me he dado ni cuenta, de un día para otro, de un abrir y cerrar de ojos mi Princesa de Pelo Largo ya está por cumplir 17 años, así, de un ¡zas! la niñez de mis hijos e hijas corre a pasitos cortos y luego a pasos largos y firmes.
Crecen y crecen rápido.
Y una a veces se detiene a perder el tiempo en preocupaciones, culpas, inseguridades, y en absurdas ideas en tornos a hábitos que se dan finalmente con el simple hecho de vivir en familia, en sociedad. Mientras ellos crecen viven el tiempo ganan tiempo, a veces nosotras lo perdemos.
Siento que es mejor aprovechar el tiempo presente para darles muchos besos, para comerlos a besos, para conversar mirándolos a sus ojitos, cantar juntos lo que sea, enseñarles sobre respetar a los demás y a los “bichitos que saben volar…” Leerles cuentos, dejarlos más tiempo en la tina y que se coman un helado más… ¿¡qué importa!? Creo que el placer de la mano de la mamá y del papá o de quien nos cuida cuando somos chiquititos, hace bien para el desarrollo del cerebro y para que el corazón se ponga rojito de amor.
Leslie Power

Psicóloga Clínica