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El nacimiento asistido y acompañado por matronas/es está en peligro de extinción.
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Hace un par de semanas hice un ejercicio matemático que me dejó helado. Al total de partos en Chile , resté todos los que ocurrían en el sector privado, y las cesáreas del sector público. El resultado de ese ejercicio corresponde a todos los partos vaginales del sistema público, que son asistidos y acompañados casi en su totalidad por matronas. Finalmente resté los partos vaginales distócicos atendido por médico, que representaron el 3,1% de los nacimientos del sistema público el año 2012. El valor final fue el balde de agua fría, pasamos de un 52% de partos asistidos por matrona en 2002, a un 39,9% el año 2012.

Aclaro que la labor de la matrona en el sistema privado no es de asistir el nacimiento, sino de acompañar todo el proceso, trabajo de parto, parto y posparto, pero no de asistir el nacimiento, eso lo hace el médico el 100% de las veces, independiente de que el parto sea vaginal o por cesárea. En un parto vaginal normal del sistema público, en cambio, la mujer en trabajo de parto es acompañada y asistida por la matrona.

Por ejemplo, hace unos meses asistí en el sistema público un parto que tuvo dos características del sistema privado, en mi opinión, 2 grandes fortalezas de ese sistema: personalización y continuidad garantizadas. Ambas fortalezas tienen como una de sus principales enemigas, en el sistema público, a la relación más baja que existe entre mujeres en trabajo de parto y matronas/es. La recomendación del Chile Crece Contigo es de 2 mujeres en trabajo de parto por cada matrón, y en muy pocos hospitales de la región metropolitana se cumple, algo que atenta contra estos los dos elementos mencionados, la personalización y la continuidad, fundamentales para acompañar un nacimiento respetado. Este ejemplo ocurrió con una mujer que me invitó a que la acompañara y asistiera su parto en ese hospital, yo estaba de vacaciones en la universidad y por tanto las probabilidades de estar disponible para cuando llegara el momento eran altas. Nos reunimos con su pareja, me relataron sus experiencias en los nacimiento anteriores y luego me contaron lo que andaban buscando para este, y que era básicamente un parto respetado, le pedí que escribiera su plan de parto luego de explicarle cómo hacerlo, y un par de días después lo recibí en mi correo. Habíamos quedado de acuerdo en que cuando comenzaran las contracciones me avisara, para salir rumbo hacía el hospital, y así fue. La acompañé durante el tiempo que duró su trabajo de parto que fue corto, durante el nacimiento y en el posparto inmediato. Nunca la vio un médico el día de su parto, pese a siempre estar ahí en caso de requerirlo (la maternidad cuenta con tres residentes de gineco-obstetricia, uno de anestesia, además de becados), pero no fue necesario, ella no solicitó peridural, durante su estadía en pre-parto no hubo ninguna ronda o visita médica, y yo tampoco la solicité porque todo transitaba dentro la normalidad, la neuro-biología hizo su trabajo, su cuerpo fluyó y su hijo nació en un ambiente intimo. Este parto podría ocurrir en cualquier hospital que funcione con modelos más humanistas que medicalizados, pero en una clínica nunca (o en excepcionales ocasiones), porque ahí los matrones NO ASISTIMOS PARTOS. No me pregunten el porque de eso, cuando yo iba en el colegio el sistema ya funcionaba así.

El rol de la matrona se ha ido debilitando, al menos en el acompañamiento y la asistencia del parto, en otras áreas, diría incluso que en todas las otras, no me cabe ninguna duda que el rol y el protagonismo se ha fortalecido.

Este debilitamiento va en dirección opuesta a lo recomendado por la serie “Midwifery” que Lancet publicó en 2014, también va en dirección contraria a lo recomendado por el Colegio Americano de Obstetricia (ACOG) y Ginecología, y la Sociedad de Medicina Materno Fetal, también en 2014, de aumentar las prestaciones no médicas durante el parto para reducir las cesáreas. E incluso en dirección opuesta a las recomendaciones entregadas en la 3ra Reunión Bienal ACOG – Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología, efectuada en Concepción, en 2012, y presentadas en un texto titulado “Consenso salud materna para Chile en el nuevo milenio” en el que se señala: El rol de la matrona y/o matrón es fundamental en el manejo de la atención del nivel primario, porque son responsables del primer enfrentamiento en el diagnóstico y manejo en este nivel, es la base de nuestro sistema de control antenatal basado en niveles de complejidad. Estos profesionales también cumple roles cruciales en nuestro modelo de atención secundaria y terciaria que deben ser reforzados y que hacen que nuestro sistema tenga características positivas singulares que deben ser remarcados.

El parto fisiológico no necesita de una matrona y de un médico, la matrona da la continuidad y la personalización, así que es fundamental en relación una para una (cómo en el sistema privado) ó una para dos (cómo se propone en el papel para el sistema público). Lo comento aquí, y muy pronto lo desarrollo en detalle, y con cifras, en una columna que publicaremos en CIPER con el grupo de investigación; es un despilfarro de recursos lo que estamos haciendo en el sistema privado, explicado en gran parte por la presencia de un médico en cada parto. Basta con que hayan algunos en turno (número a definir luego del análisis de las consultas de urgencia y el número de camas de cada maternidad) pero no uno para cada mujer. Sería cómo que hoy día en la Maratón de Santiago tuviéramos un kinesiólogo por corredor. En ningún caso en el sistema público hay peores resultados en torno al parto y nacimiento producto del número de médicos por mujer, de hecho el sistema público tiene mejores indicadores de calidad que maternidades privadas, basados por ejemplo en su contención de la tasa de cesáreas. Pues bien, en la maratón tampoco habrá peores resultados por que cada uno no corre con su kine al lado.

Los matrones debemos tomar conciencia de esto, los médicos lo tiene claro hace rato. Ellos deberían ayudarnos a revertir este debilitamiento, doy fe de que hay muchos que lo hacen a diario, pero son minoría. Deberían sumarse más, considerando que el foco siempre debe estar en el bienestar de la comunidad, no en el funcionamiento de un sistema que, entre otras cosas, tiene aseguradores y prestadores que ven la salud como un negocio. ¿Qué rol le compete al estado en esto, ó lo resolvemos entre colegios gremiales y sociedades científicas?.

Hay que avanzar en la dirección correcta, hay que rescatar eso que ha hecho que nos enorgullezcamos de nuestras tasas e indicadores cuando vamos al extranjero, e incorporar, como han hecho algunos, el análisis de la satisfacción de la experiencia de nacer en el sistema público y privado. Los puros indicadores epidemiológicos son muy fríos, pongamos un poco de alma y también midamos experiencias. El exceso de medicalización e intervencionismo (no creo que sea necesario volver a repetir que el problema es el EXCESO, pero por si acaso lo aclaro), reflejado por ejemplo en la alta tasa de cesáreas, como me dijo un buen amigo hace unos días, está “modificando la epidemiología de nuestras enfermedades”.

La invitación es ver de que forma solucionamos esto.