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A veces me indigno …

A veces me indigno y no falta quien dice “tranquila, no te enojes”. Otras veces, abro los ojos y me doy cuenta que hay algo ahí que es horrible y alguien me dice: “no abras tanto los ojos! pareces loca!”, otras veces he sentido el olor a cadáver en la maleta del auto y lo he dicho, “aquí algo huele feo, muy feo..” a lo que han contestado “nada que ver… son ideas tuyas”. En otras oportunidades he escuchado y parado la oreja, cuan loba en estado de alerta y alguien de un manotazo la ha bajado… eso pasó, eso me pasó y eso les ha pasado a casi todos. Y está pasando hoy, a ti que me lees, a los niños y niñas que viven, hoy.

Sin más, ayer fui a devolver un auto que la aseguradora, me “prestó” por un montón de plata, mientras mi auto se reparaba en al taller y vi a una madre que levantaba de una oreja a su hijo de 3 años mientras lo gritoneaba. Crucé la calle y en tono firme le dije: “No vuelvas nunca más a golpear a tu hijo, no puede ser que sea la madre quien golpee, las madres estamos para proteger, no lo vuelvas a hacer! Y tu chiquitito, no vuelvas a dejar que nadie nunca te golpee, nadie” La mujer, me dijo: “cállate loca absurda y sigue con tu regia vida” … Supiera sobre “mi regia vida”. Que si fuera regia, quizás ni miro ese golpe, ni menos me voy a frenarla.

El maltrato infantil te deja estúpida. Es verdad que luego, puedes ir a la universidad, trabajar, empatizar con el dolor ajeno … a eso le han llamado “resilencia” pero te deja vulnerable al maltrato y a los abusos para toda la vida. No eres capaz de ver. Porque aprendiste desde chica a no parar la oreja, a frenar el olfato, a callar la boca y a tragarte el trago amargo. Eres loca, tonta, no sabes nada, ingenua y te compras fácilmente la publicidad engañosa. Sobre todo si el publicista es un vendedor de ilusiones…

Aprendiste desde niña, porque quienes te reprimieron eran por lo general los adultos “sabios” “ídolos” a quienes amabas con todo tu corazón, ellos los que te criaron, ellos los que decían la “verdad”. Tonta yo, sabio tu, te creo a ti, y por lo tanto, me pongo “niña buena” o te pierdo o me pegan/castigan/leydelhielo

Hasta que un buen día…. te INDIGNAS. Pero te indignas de verdad, paras las orejas, abres la maleta del auto y sacas al muerto podrido con todos los gusanos dentro, gritas fuerte lo que tu cuerpo siente y los ojos se abren tan grandes que la loca es sabia y recuperas tu DIGNIDAD. Esa dignidad que todo niño y niña pierde al ser reprimido en sus emociones (estrés, pataletas, penas, angustias, deseos, cansancios, intuiciones, juegos, etc) Recuperas la DIGNIDAD para que ya de una vez por todas cuando te ven indignada, nadie nunca se atreve a pasarte a llevar. Ahora bien, está claro que quien abusa, también fue abusado y así vamos… jugando a la ronda de San Miguel… el que te abusa, sigue en pie…. a cuidarse y a intuir, respetando las señales del cuerpo, así sabremos con quien una se siente bien jugando…y con quien una no se siente bien jugando.

Y una vez DIGNA, el cuerpo se ordena, se va la acidez, no hay más ibuprofeno, nunca más dolió la cabeza, pero puede ser que el corazón se apriete y viva un duelo. Duelo por la mujer que no pudo ver, que no quiso ver, que no pudo hablar, un duelo por la temerosa disfrazada de guerrera… un duelo… que el corazón siente.

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Por eso espero que mis hijos sean muchas veces enojones, que se indignen cada vez que sientan pasados a llevar su cuerpo, ideas, emociones, por mi, por su padre, familiares, compañeros de colegio, personas de la calle. Que se indignen para que el mal tratador, estafador, sepa de inmediato, que con mis hijos, NO.

Quiero que ellos y los demás niños y niñas, sientan la seguridad de que no existen las emociones “negativas”, que la rabia es un derecho, porque es una emoción más del cuerpo humano, que, obviamente, para algunos es necesario controlar con mecanismos perversos como la mentira, el golpe, la estafa, el miedo, violencias emocionales… todas formas de represiones al cuerpo, represión de lo espontáneo, intuitivo, de la verdad de cada uno, de la inteligencia y por tanto de un gran poder humano. Y claro, al autoritario no le convienen niños y niñas opinantes, creativos, espontáneos, al infiel no le conviene una mujer loba, al mentiroso no le conviene alguien muy astuto, al publicista le conviene alguien muy muy ingenuo que se compre la mentira fácil… al perverso le viene bien un sumiso, ordenado, honesto.

Entonces, propongo, permitirnos indignarnos más, dejar que nuestros hijos e hijas sepan qué les molesta y que lo manifiesten a temprana edad, permitiéndoles llorar y alegar lo que necesiten para que crezcan sabios y nadie nunca jamás abuse de ellos ni de ellas.

Indignarnos para recuperar la DIGNIDAD.

Leslie Power

Psicóloga Clínica.

Pd.: leáse en femenino y en masculino.