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Limpiando todo, sacando cosas, ordenando, cambiando algunas ideas, dejando un poquito más afuera algunas relaciones en las que no me siento cómoda, evitando cosas que no me hacen bien, revisando la bandeja de mails viejos y sin contestar. Volviendo a conectarme con las series en la televisión y dejando de leer tanto sobre psicología más sobre amor.

He estado tomando decisiones.

Este caminito ya lo había recorrido antes, pero bueno, ya saben que con cada hijo que nace, una vuelve a limpiar todo, porque todo se revuelve, todo es caos, para que luego, nazca, desde un “big bang” otra mujer.

Voy contenta.

Y de repente … siento como el cuerpo se resiste al cambio, al nuevo camino, la espalda, sus huesos y músculos se van rigidizando, es como si gritaran todos juntos y en forma de protesta, “¡¡no-queremos-cambiar, ¡¡no-queremos-cambiar!!!” Me escucho y me siento un poco triste porque me duele el cuerpo, estoy aburrida de que me duela el cuerpo… pero al mismo tiempo tan pero tan contenta que se me llenan los ojos de lágrimas de la emoción…

La otra noche tuve un sueño, daba un salto tan fuerte sobre un pie que se me destapaba un oído, y desde ahí, la sensación de placer era enorme, escuchaba todo mucho más claro… Vamos por buen camino, sentí.

En esta parte del camino, cuando las resistencias comienzan a patalear, es cuando necesitamos de otras mujeres… el otro día le decía a una paciente algo así como, porque no recuerdo bien… las mujeres nunca debemos pasar por la vida sin darle la mano a otra mujer… es que nos necesitamos muchísimo… a cada rato, en cada ciclo, en cada embarazado, en cada parto, en los puerperios, en los “dolores de crecimiento” …

¿Recuerdan cuando éramos niñas y nos dolían las piernas? A algunas, nuestras mamás y abuelas nos decían, que eran dolores de crecimiento… “es que te duelen los huesitos porque estás creciendo” y junto a esas palabras, venían las “friegas” con crema o alguna colonia que estuviera a mano… También recuerdo cuando me dolía a eso de los 12 la espalda baja y mi abuelita me hacía más masajes, pronto me llegaría la menstruación.
Crecer a veces duele, pero con un masaje duele menos y se crece mejor. Por lo menos a mi, las manos de otra mujer, las palabras, compañía, son claves cuando pasamos por momentos importantes de la vida, cuando vamos caminando recogiendo los huesitos rotos, cuando vamos cambiando de piel y atreviéndonos a ser la loba. Una loba que pueda  mirar mejor, comer mejor, oír mejor, hablar mejor…. y de paso, quien sabe, capaz que hasta aprenda a escribir… mejor.
Leslie Power