Hoy supe, hija, que estamos pasando por lo que pasan un 0,35% de las gestaciones, una rotura prematura de membranas antes de las 24 semanas. No había querido revisar las estadísticas en estos días, pero hoy me cruce con el dato y, obviamente, no me fue indiferente.

Esto lo escribo el día que cumples 24 semanas de edad fetal, y 7 días después de que el diagnóstico provocara un sismo en nuestras cabezas. No nos inmovilizó ni nos derrumbó, sólo nos sacudió. Del “curriculum de la vida” nos había hablado días antes Ana Alvarez Errecalde en España, y ahí estábamos ahora, cursando una de esas asignaturas que nadie cree le tocará cursar, y que consciente y/o inconscientemente no queremos cursar nunca. Lo único claro es que de esta saldremos más fuertes, y lo ocurrido quedará grabado a fuego en nuestro “curriculum”.

Tu casa hoy está rota, pero tu hábitat, tu entorno, tu mundo, firme como un roble. Hablo de tu mamá, que me vuelve a confirmar que la fuerza de las mujeres no se compara a nada, y lo más bonito es que es una fuerza que nace desde el amor. Siempre.

Ya te tocará escuchar en tu vida extra uterina a personas que te dirán que perteneces al sexo débil, nunca les creas ese cuento. Cuéntales que cuando eras muy pequeña, junto a tu madre, a punta del deseo de estar juntas más adelante, diste tu primera gran pelea, llegar a las 24 semanas de gestación. Hoy fue un buen día, y cada uno de los siguientes dentro de tu madre un regalo más.

Es muy probable que durante estos días, y luego del baño de cortisol y vasopresina que nos dimos hace una semana, hayas comenzado a sentir avalanchas de oxitocina. Es tu madre que te traspasa el amor que sentimos por ti y que hoy nos ayuda a seguir firmes y de pie, y de pasadita te entrega una porción del amor que hemos recibido estos días de parte de nuestra familia y amig@s. Ya tendrás tiempo de conocerl@s a cada un@ de ell@s.

Antonia, seguimos avanzando por este camino que llamamos vida; la suma de lo probable y lo improbable. Y sin esconder ni el deseo, ni la esperanza.

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