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Interesante que El Mostrador de espacio a una mujer para que hable desde un aspecto clave en la vida de la mayoría de las mujeres, las niñas, niños y hombres de nuestra sociedad, la lactancia, el alimento natural de los mamíferos humanos. Interesante es la idea de que las mujeres somos además de intelecto, cuerpo y que va unido al cerebro, somos un organismo, que por mementos de nuestra vida y quizás la mayor parte del tiempo nos vinculamos con otras personas, hijos e hijas, amigos, profesores, parejas, madres y padres, etc. Somos seres vinculares. Interesante. Pero me siento en la placentera obligación de dar mi opinión en algunos de los planteamientos de esta carta enviada al “Señor Director” de El Mostrador. La carta se titula “Las pechugas de mamá. Si molesta, está bien y si no molesta y da para sentir pensar, aún mejor.

Las pechugas de mamá 

Enviada por Ixcia Roa

Señor Director:

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Es una realidad de muchas mujeres. Hablo de lo que sucede con los senos una vez legada la maternidad, en lo personal, me enorgullecía de ellas. Siempre un buen sostén, una de las pocas prendas en las que nunca he escatimado en gastos en beneficio de ellas…mis amigas.

L.P.: Es interesante el lapsus de la autora: “LEGADA” en vez de llegada de la maternidad. Porque leerla, justamente, me recordó a un LEGADO o un mandato de cómo deben ser las cosas, la vida, la maternidad, la lactancia, el cuerpo. Y la verdad, es que luego de 41 años de vida, 4 hijos, lactancias, todos tipos de partos, trabajar atendiendo a mujeres y estudiar sobre mujeres, existen tantas maternidades como personas hay. Y una de las cosas que más nos duele a las mujeres es darnos cuenta que hemos seguido LEGADOS de “otros” y que por tanto, poco y nada sabemos de nosotras mismas, de nuestras fases biopsicosociales, deseos, necesidades y derechos.

Sobre el uso de su sostén y cuanto gasta en dicha prenda, es libre y me da igual. Lamento que la autora se sentía orgullosa de los pechos antes de ser madre, porque, también son tremendamente preciosos los pechos de las mujeres que estamos pasando por la maternidad, por lo demás, pensar que la sexualidad o la belleza está sólo en un “tipo de formato” de pechos, es absolutamente violento hacia las mujeres y futuras niñas y muy confuso para algunos hombres. Es un mandato más del machismo del patriarcado. El placer en los encuentros amorosos (de pareja con los hijos, de amistad) no pasan por la belleza, pasan por nuestra capacidad de empatizar y de amar.

Sigue la autora.

Pero hay un momento en que definitivamente dejan de ser tuyas es cuando nace uno de tus pequeñines. Ayyyyy de ti si no has preparado tus senos de alguna manera porque en la mayoría de los casos el dolor será de los mil demonios, te sangrará por lo bajo si es que tienes suerte y el monstruito no te arranca un pedazo en esas tomas que el pediatra te dice como un dios “libre demanda señora”, teniéndole que entregar aparte de tu ser no cuando puedas, no cuando quieras sino que “cuando a él o ella se le antoje” y por seis largos meses por lo bajo. Seis meses del terror porque la gente siente a tu bebé llorar y te dicen como si supieran: “debe tener hambre esta guagüita, ¿está segura que le dio pecho?” “Dale del otro lado un poquito más, a lo mejor quedó con hambre” “Por qué no le das otro poquito para que compremos tranquilos” “Dale no más si el doctor ya te dijo que era libre demanda”.

L.P.: Los pechos son de las mujeres SIEMPRE, jamás pertenecen a otras personas. Puedes compartir tu cuerpo completo, porque los pechos no van separados de tu cuerpo cuando lo desees y con quien lo desees (parejas, amigos con ventajas, hijos y/o hijas) Pero los pechos son de las mujeres, como su útero y el hígado y los pulmones. Me recordó a un hombre que frente a su pareja, mujer que daba pecho a su hijo de 5 meses, me preguntó “¿y cuando me van a devolver mis pechugas?” Ok. No. Los pechos nos pertenecen a las mujeres. Tenemos de sobra del LEGADO del sistema patriarcal, explicado en esa idea de que las mujeres “prestamos el cuerpo” como si fuésemos un objeto. Somos sujetos con biografías propias, deseos, intereses e ideas. Sentimos y pensamos. Y nos vinculamos, como dije antes, con quien deseamos, desde nuestras historias de vida cuando fuimos niñas con nuestros propios padres .

Vamos a aclarar a la autora y a las lectoras que se compran el “legado” de que los pechos se “deben” preparar. No. NO SE DEBEN PREPARAR. Las mujeres nacemos con un cuerpo listo para tener relaciones sexuales, gestaciones sanas, partos naturales, lactancias plenas y placenteras. No hay que preparar nada. Lamento muchísimo que la autora haya sufrido, como dice en su carta “dolor de los mil demonios”, quizás necesitó entregarse al encuentro íntimo y placentero de dar pecho, dar… Digo, quizás, porque no lo sé. No sé que le pasó que sufrió tanto. Lo otro, es que la mayoría de las mujeres no sufren de grietas, ni dificultades en el acople, mastitis, ni “arranques de piel”, la mayoría de las mujeres desde que la humanidad existe ha dado pecho con mucho placer. Algunas mujeres modernas, tenemos muchas dificultades y dolores, peor si más sombreadas y alejadas estamos de nuestro cuerpo o hemos sido víctimas de abusos en nuestras infancias y/o otras realidades biopsicosociales. Peor si estamos presas de los “mandamientos del patriarcado”.

Por otro lado el pediatra habla desde su biografía de vida, sus estudios, intereses económicos y lo que supone es la lactancia. Es una persona natural como cualquiera de nosotros, sólo que en el currículo académico de pediatría no existe Lactancia I, II, III. Si saben, sobre recomendar leches de fórmulas y sus preparados. Es siempre la respuesta más rápida pero menos sana frente a la mujer con alguna dificultad en la lactancia. La mayoría de los pediatras son muy bueno médicos y saben mucho de enfermedades de los niños y niñas, pero sobre crianza y lactancia, no tanto. Por cierto que conozco a algunos que derivan a especialistas en lactancia cuando se encuentran con una mujer que necesita ayuda o con un neonato bajo peso. Pero las que en realidad las que sabemos sobre cómo criar a nuestros hijos, somos las madres, padres o la persona que está al cuidado la mayor parte del tiempo de los hijos. Las personas que estamos más cerca de nuestros hijos y vamos a sabiendo cómo duermen mejor, comen, hacen caca, se calman, y cómo y a qué horas toman pecho, esas somos las personas que conocemos mejor lo que nuestros hijos necesitan para estar la mayor parte del tiempo en calma.

La autora, al parecer escucha mucho a su pediatra, a quien le habla en la calle y a todo el que dice acerca de algo, perdiendo identidad. Hace y dice lo que otros le dicen, olvidándose de quien es ella. Al igual que todos, llenos de sombras y viviendo en este sistema social llamado patriarcado, fue educada, insisto, como todos nosotros, para obedecer y complacer a la autoridad, por ejemplo, al pediatra que habla como Dios, olvidándose, reprimiendo o negando las propias necesidades de SU cuerpo. Sugiero, nos escuchemos a nosotras mismas y más a nuestros hijos, ellos saben lo que necesitan y juntos en un vínculo de apego, iremos descubriendo como nos llevamos mejor.

La lactancia es a libre demanda porque la lactancia no es sólo leche, es vínculo, encuentro corporal, que hace muy bien para el cerebro de los mamíferos humanos. Los encuentros con el recién nacido, no deben tener horario, el recién nacido que estuvo 9 meses en el útero de su mamá, necesita de cuerpo presente, constante y permanente para un adecuado desarrollo cerebral. Para eso se requiere mantener las condiciones del útero, fuera del útero. A eso se le denomina EXTEROGESTACIÓN. El hábitat del recién nacido es la madre o una figura de apego central.

La mayoría de las mujeres “modernas” vivimos la lactancia con placer, como vivimos otras áreas de nuestra sexualidad. Recordemos que la lactancia es un eslabón más de la sexualidad femenina y se espera, como en las otras áreas de nuestra sexualidad, se viva con PLACER. Si no nos ocurre eso, grietas, mastitis, depresión, ósea estrés y displacer, debemos pedir ayuda, existimos muchas mujeres que hemos presentado dificultades, hemos necesitado de ayuda y además estamos dispuestas a informar y a sostener desde la evidencia empírica y la sabiduría ancestral. Pidamos ayuda, es como tener relaciones sexuales con dolor, ¡no! Las relaciones sexuales deben ser placenteras, porque siguiendo esta lógica, si nos duele tener relaciones sexuales, entonces, ¿dejamos de tenerlas? Sepamos que en las relaciones sexuales, en el parto y durante la lactancia, la ocitocina u hormona del amor y de la vinculación amorosa, circula por nuestros cuerpos.

Realmente me pone triste saber que la autora vive esta etapa de su vida como de “terror”. Sin embargo, empatizo con ella, porque a diario leo y escucho estos discursos de la maternidad “sacrificada”, “adolorida”, “cansada”, yo misma tiendo a veces a repetir discursos escuchados “todo lo hago por ustedes”, “me he sacrificado toda la vida por ustedes”. ¡Qué discurso más latero y manipulador!

Entiendo, también nos han vendido el discurso ese de que la maternidad es un cacho, un problema, nos retrocede laboralmente… Qué pena que vivamos así, porque unida a nuestra concepción de la maternidad o de cómo nos vivenciamos a nosotras mismas, pegaditos a nosotros los adultos, crecen nuestros hijos. A más sombra en nosotros más sombreados crecen nuestros hijos, repitiendo el LEGADO.

Me acordé de todo porque mientras iba al colegio a dejarle a mi hija unos materiales que había olvidado y esperando en el hall del colegio mi bebé de cuatro meses se pone a llorar. Y una señora muy dije (como diría mi santa abuela) se acerca y me dice: “Por qué no se sienta y le da la pechuguita?”. Debo haberla mirado con la cara que Helga Pataki mira al sujeto que siempre aparece en el momento inoportuno cuando ella suspira por Arnold, porque agrega: “Yo le digo no más, no ve que una tiene más experiencia…”. Mire señora, que usted ya esté al borde de sus 60 años no quiere decir que pueda decirme qué es lo que debo hacer con mis pechugas, cada madre conoce a sus hijos, con el paso de los meses una va a prendiendo y sabe cuándo el bebé llora de hambre, de aburrido o de sueño. Así que mejor déjese de hinchar diciendo que usted tiene más experiencia que cada bebé es un mundo y se lo da a conocer a su madre. Una sabe.

Comprendo que nadie se puede meter en la vida de nadie. A menos que existan este tipo de cartas que son abiertas. Pero debo decirle a la autora que las “viejitas” o las mujeres maduras y sabias, que no todas lo son, porque hay de las que caminan derechito para convertirse en “viejas de mierda” y no sabias… algunas de esas mujeres saben y en este caso, sabía. El pecho materno es mucho más que alimento, es amor, calma, cariño… placer… Es hora de vernos más completas… y de comprender que la lactancia es muchísimo más que sólo alimento físico, comprender la lactancia como sólo satisfacción de una sola necesidad, a decir, hambre, es parte del reduccionismo al que estamos acostumbrados. Por eso la lactancia es a libre demanda, porque el cariño es sin reloj y sin lugar específico. Es libre.

Ahora que más encima parece que hay personas a las que les molesta ver cuando una madre amamanta a su hijo…como si una quisiera andar sacando la pechuga así en cualquier lado. Una lo hace con pudor, con ganas de que ojalá nadie lo note. Entonces no falta ese compañerito de trabajo o de colegio que te encontraste por ahí, el vecino, la mamá de la mejor amiga de tu hija que en un acto de absoluto desatino se acerca no solo a saludarte sino que a ponerse a conversar de la vida mientras tú y tu bebé juegan a tener puntería a ojos cerrados…

Claro, cada una da pecho donde quiera y donde el hijo lo pida. Hay mujeres que han recibido distintos tipos de crianza y habitan en distintas culturas, cada una hace lo que le de la gana con su cuerpo. Pero es importante que la lactancia se vea, es la única manera de normalizar, naturalizar una conducta humana de entrega, cariño y que nos hace bien a todos como sociedad. Si queremos que aumenten los meses de lactancia, para llegar, al menos, a los dos años, que como mínimo recomienda la OMS, hay que visibilizar la lactancia como natural. No tanto pudor, lo que ofrece el cuerpo de las mujeres es muy, muy, muy bueno.

Puedo concluir que las pechuguitas son y seguirán siendo mías, con sus cambios de forma y de tamaño. Pero lamentablemente hay periodos de tu vida en los que la generosidad será el estandarte y ruega a Dios que cuando el llamado de tu bebé salga a flote encuentres ese rinconcito prudente, ese pañal de género amigo para esconderte del mundo unos 10 minutos por lado. Al fin y al cabo dentro de medio año como mínimo, todo volverá a la normalidad.

Ixcia Roa

L.P.: Bueno, si, los pechos son tuyos y tengan los cambio que tengan no afectan la sexualidad ni nuestra capacidad de amar y de recibir amor. Y, está bueno eso de ser generosa y de ser generosa con una misma también y bien tratarse y vivir nuestras fases de mujer con placer para poder vivir cómoda y disfrutar de la vida. Eso nos hace bien y hace bien al mundo, a nuestros hijos! Madre y padre sano, niños sanos. Pero decir: “Pero lamentablemente hay periodos de tu vida en los que la generosidad será el estandarte “ Decir que es lamentable, me parece que es justamente lo que no necesitamos. Ser generosa es lo mejor que nos puede pasar y más generosidad es la que todas las personas necesitamos.

Y, bueno, si te quieres tapar con un pañal mientras das pecho, tápate, eres libre, pero como tu dices, cada una sabe, y a mi a veces me gusta dar pecho tranquila o en privado y a veces me toca dar a mi cuarta hija en un avión o en el mall o en la casa de mi suegro, a veces, puedo y quiero hacerlo en privado para descansar un rato, pero a veces no me quiero autoexiliar del mundo social mientras alimento y mi hija se alimenta.

Sólo agrego los recién nacidos viene preparados para enviar señales al cerebro de la persona que los cuida para que persona responda y satisfaga sus necesidades. Es decir, son tremendamente sabios y poderosos, al mismo tiempo que son vulnerables y débiles. Nos necesitan muy cerquita de ellos. Confiemos en el saber de los cuerpos que por algo la humanidad lleva los años que lleva. Y cuidado con decir que son 10 minutos de succión por cada pecho. Son los minutos que tu hijo o hija quiera, ya que de esa forma es que la lactancia se establece, no 10 minutos por lado, el recién nacido sabe lo que necesita y la lactancia se establece por el cerebro del niño (quien pide y succiona) y el deseo de la madre (quien da) Es la succión que se da en el vínculo que se establece entre la madre y el hijo, la que hace que produzcamos leche en la cantidad y en la calidad que nuestro lactante necesita. Decir 10 minutos por lado, es abrir una puerta al relleno, es repetir un discurso que alguna vez escuchamos en voz de otro, es seguir obedeciendo sumisamente a la autoridad, desentendiéndonos de nuestro cuerpo y para peor desentendiendo las necesidades el recién nacido y sus derechos. Y recordemos que la primera necesidad de una persona que llega, es: adultos generosos de dar amor y de mostrar que vivir puede ser mayormente placentero y no de “terror”.

Eso espero, que mujeres podamos trabajar, tener pareja y amigxs, ser madres, siempre y cuando lo deseemos en plena libertad y con el mayor placer que podamos. Ser un poco más felices, eso busco para mi y para todxs.

Leslie Power, mujer, madre de 4 hijos, psicóloga clínica.

www.nacimientoycrianza.com (ir al blog)

Comparto con ustedes este  link a los 10 Mandamientos del Patriarcado http://estudiosobreelutero.blogspot.com/2014/05/los-diez-mandamientos-del-patriarcado.html A cá link a la cartahttp://www.elmostrador.cl/opinion/2014/05/07/las-pechugas-de-mama/