El cuerpo tiene memoria.

abuso sexual infantilUna mujer me cuenta que se le seca la boca, que siente palpitaciones, que de un tiempo a esta parte le teme a los ascensores, al metro, a algunas escaleras mecánicas. Me dice que está cansada.
¿¡Cómo no!? Si está llena de miedos y cortisol en su cerebro. Eso agota a cualquiera.
La miro.
Me sigue hablando de sus miedos, de sus “crisis de ansiedad”.
La escucho.
Me dice también que “a medida que fui creciendo me fui llenado de más miedos”.
La miro, pero esta vez digo: “Aquí hay algo que no calza, mientras una crece debiéramos ir dejando los miedos…”

Me cuenta que tiene una hija de 6 meses.

“Me preparé para tener un parto natural, todo el equipo es de parto natural, pero terminé en cesárea y mi hija por protocolo, porque hice fiebre antes de operarme, estuvo 5 días en la neo …”

Una mujer que a medida que crece se va llenando de miedos, desea parir natural, busca equipo médico “natural” termina con una fiebre altísima antes de parir …

Le digo que hay cosas que no comprendo… ¿cómo puede ser que con tantos miedos hayas querido parir sin miedo?
Me cuenta que siempre le dijo a su matrona que tenía pánico al parto …

Y, ¿qué hicieron? pregunto.

Nada, estábamos seguras iba a poder parir.
Claro, todas podemos parir, afirmo. Pero ¿sabes? Tu “equipo de parto natural” no te miró realmente. Una mujer va a parir con toda su infancia encima. No va a parir un útero, va a  parir una mujer con todas su historia de vida, miedos, infancias, seguridades e inseguridades… Y es importante una mujer pueda hablar lo más libremente posible con todas aquellas personas que te van a acompañar. Es muy importante hablar y sentir como a una la escuchan y atienden seriamente lo que te pasa.

Tu, ¿te miras a ti misma?

Tu mamá y tu papá te miraban?

La paciente llora.

El hijo de mi nana abusó sexualmente de mi … no recuerdo la edad exacta.

Claro, y debes haber tenido mucho miedo.
No sólo al abuso y al hombre abusador, sino que también a la soledad. Debes haber estado muy temerosa.

Este es un pequeño pero intenso relato de una mujer como tu o como yo. Así andamos por la vida muchísimas mujeres. Y, es además, un buen ejemplo para comprender que JAMÁS DEBEMOS SER JUZGADAS por nadie.

Esta mujer de seguro podrá parir como se le antoje más adelante, pero esta maternidad, como suele suceder en los puerperios, la tiene revuelta, y dice “quiero ordenar mi historia, hay cosas que no entiendo.” Buena idea en un momento perfecto para hacerlo: el postparto que nos da la oportunidad de redefinir nuestra historia una vez que el cuerpo se abre por completo.

No pudo parir como deseaba, no ha podido amamantar como desea… Su cuerpo ha sido escenario de enfermedades: fiebres, separaciones, dificultades en los pezones, ansiedades, miedo… su cuerpo está dolido, su sexualidad está pasada a llevar, su ser mujer está revuelto.

¿Cómo iba a ir a parir sin miedo, si alguna vez su cuerpo de mujer estuvo expuesto a un abuso? ¿Cómo iba a lactar de manera libre, segura y sin dolor? Obvio que la lactancia ha sido mixta, le duele dar pecho, le duele dar. ¿La podemos juzgar?

Existimos mujeres con dificultades de todo tipo y por algo son. Nadie quiere “fallar”, pero fallamos, las cosas no resultan como nuestra mente planifica. Nuestro cuerpo tiene memoria y por mucho que tengamos claro desde el neocortex ciertas experiencias y ciertos “deberes” no nos resulta y la vida se nos hace cuesta arriba, y más pesada es la subida, si además andamos juzgándonos y culpabilizándonos o recibiendo mandatos porque damos o no damos pecho.

Una va a parir con todas sus sombras encima. Amamantamos con nuestro cuerpo, el mismo cuerpo que teníamos de niñas, sólo que ha crecido. Tenemos relaciones de pareja desde nuestro mundo interno. Trabajamos desde ahí también. Con mucha suerte, valentía y buena compañía nos atrevemos un día, generalmente cuando somos madres, a encontrarle sentido a eso que nos pasa, con mucho trabajo, logramos comprender por qué terminamos en cesáreas, por qué tenemos miedos, por qué nos deprimimos, por qué no puedo dar pecho, por qué me da tanta rabia que fulanita haga x cosa…. claro, nuestras sombras son inconscientes, escapan a nuestros pensamientos conscientes y no sabemos pero quien siempre sabe: nuestro cuerpo que en este caso tiene miedo y está paralizado, ni bajar por escaleras mecánicas ni subirse a un ascensor… estamos atrapadas en nuestra infancia, que más que ideal, fue real, como la de muchos niños que luego son adultos en terapia.

Y si con suerte sabemos nosotras, las protagonistas de nuestras historias, lo que nos pasa… ¿con qué derecho juzgamos a la que elige una cesárea? Con qué derecho, criticamos a la que no puede dar su cuerpo porque puede haber sido abusado en la infancia?

La matrona y el obstetra pasaron por alto el “tengo miedo” de mi paciente, pero antes, los padres de mi paciente pasaron por alto el miedo que se debe haber escapado por los ojos de niña de esta mujer. Pero por los motivos que sean (acá no juzgamos a los padres) se quedó sin ser bien mirada. Mi paciente, se quedó tranquila, Obvio! si es la tierra donde nacemos, no a nadamos cuestionando de niños, asumimos como son las relaciones. Estaba acostumbrada a que pasaran por el lado de ella sin mirarla, de verdad. Ella, entonces, tampoco se miró. Miedo al parto. Fiebre alta. Cesárea.
Como dice Alice Miller: “El cuerpo nunca miente”.

Ahora, que es mamá, ha decido mirarse. Sabe en algún lugar que es importante mirar a los hijos. La vamos a acompañar, esta vez en serio.

Leslie Power Labbe

Publicado por lesliepower

Psicóloga Clínica pacientes adultos. Motivada por dar a conocer las evidencias empíricas en lenguaje simple para cambiar la manera de relacionarnos desde el parto, la crianza... Es urgente una revolución si queremos vivir mejor.

2 comentarios sobre “El cuerpo tiene memoria.

  1. Leslie querida, gracias por tu sensibilidad y valentía también de escrbir esta columna que desafía a las sombra, todo el rato: un desacato amoroso y pacífico (y no por ello menos categórico y revolucionario) a los silencios, las trasgresiones indecibles, aquello que hasta lo propios ginécologos (lo he sabido de cerca) “aconsejan” a algunas mujeres callar: “no lo comentes [elabuso sxual infantil] cn tu pareja mejor. Se va a echar a perder la relación, va a quedar ahí instalado, se va a perder naturalidad, te puede perder respeto (ésta, lo peor)”. No es un juicio a los médicos, estoy segura de que aconsejan desdeel buen corazón, y una mal entendida forma de “cuidar” a la mujer que consulta; de no exponerla a más juicios. Los médicos, igual que nosotros, somos ciudadanos de lugares comunes, y todos sabemos también del estigma, el miedo o resquemor que provoca la herida del otro cuando no se la conoce (no se ha vivido la misma experiencia), los prejuicios (por pura desinformación)…¿a cuántos maridos de mis pacientes (y al mío tb) no les han preguntado sobre su vida sexual, con entre lástima y admiración, cuando es sabida la hstoria de abuso sexual infantil de la esposa?

    Gracias Leslie por correr el velo que aquí no es de organza sino de alambre de púas, porque a veces, más que la memoria de la herida del cuerpo (y el alma) lo que es más desgarrador es el silencio, el miedo a decir, la imposición tácita que existe de no-hablar-mejor de ciertas cosas, de no hilar en una misma frase experiencias como embarazo, abuso sexual infantil.

    Pocas mujeres que fueron abusadas, a no ser que lo hagan en el espacio contenido e incondicional de la terapia, confiesan que a veces es difícil sentir que otro cuerpo las habita, o que temen (por el abuso vivido) no estar habilitadas en lo más mínimo para maternar, o que no se sienten cómodas con la lactancia. Yo misma lo vivi, y agradecí que mi primer embarazo fuera el de una hija, y no hijO, porque estaba aterrada ante todo, incluida la idea de amamantar, ¿y cómo? si no quería entonces que nadie me tocara, así hubiese sido mi propio hijo. No pude compartir con nadie esos temores, que por irracionales o extremos que puedan sonarle a algunas personas, eran reales, ominpresentes, (hasta saber que mi guagua era niña): tan reales como el juicio lapidario que posiblemente habría recibido de muchos, si me hubiese sincerado. Muchas mujeres que conozco atravesaron embarazos así,y qué bueno que hoy se abran otros espacios, como esta columna por ejemplo: qué generosa y sanadora. Qué profundamente relevante. Vuelvo a agradecerte, con todo mi cariño y admiración (como la mujer, mamá y psicóloga que eres) por tu aporte a nuestras vidas de mujeres-madres. Un abzo fuerte, Vinka

  2. Puffff, ha sido duro leerlo lo reconozco, ¿tal vez porque yo sea una de ellas? seguramente sí, pero lo duro es darte cuenta que cuando crees tener todo asumido, de repente lees algo y se te revuelve el estómago, se te moviliza todo en tu interior y esa estantería acomodada se desmorona una vez más. ¡Yo también tengo miedos! Yo también cargo con huellas que me marcaron para siempre y como dice el título de este post “El cuerpo tiene memoria” es una cicatriz que nunca cura, nunca cierra y te preguntas una y otra vez ¿por qué? ¿por qué me toca a mí?

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