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Post by Leslie PowerImagen

Soy una mujer afortunada, producto de todo lo que fui, de lo que me pasó, de lo vivido, hoy puedo mirar, escuchar, abrazar, leer a miles de mujeres. ¡Tengo mucha suerte!

Una de ellas me escribe por in box de facebook: “se supone la llegada de un hijo debiera ser una bendición pero todo lo que siento está mal, está lejos de ser eso …”

Bueno, eso es lo que nos han dicho. Pero para muchas, la verdad de las verdades, es que a veces, la llegada de un hijo, incluso la noticia del embarazo transforma todo lo que veníamos armando, en un caos.

¿Por qué?

Porque fuimos construyendo identidad según los deseos y discursos de nuestros padres, y nosotras por simple necesidad mamífera de amor, obedecimos, despojándonos de la posibilidad de satisfacer lo que realmente deseábamos para nosotras. Y ahora de grandes acostumbradas a escuchar y hacer propios discursos de otros, creemos que las cosas deben ser como los demás nos dicen que son.

Nos embarazamos, llega nuestro hijo y creemos que todo debiera ocurrir como en la publicidad de la leche de fórmula: madres flacas, de piel lisa, sonrientes, de pómulos gorditos y brillantes y nuestro hijo, gordo, precioso y muy inteligente… la pareja perfecta sobre una cama blanca impecable, y, ¡nada de eso es verdad! Ese es otro mandato que creemos debemos obedecer, un mandato social que dice que la maternidad es pura, linda, suave, sonriente… una bendición.

Pero, como ya dije, verdad de las verdades, es que estamos lejos de esa imagen, en puerperio nos volvemos locas, locas de amor, de rabia, de penas, de dudas, de alegrías, de dolores, de dudas, ¡locas! y muchas veces locas y solas, sin madre, sin hermanas, sin amigas, todas en lo mismo que nosotras, todas trabajando. Nuestra pareja, si la hay, en el mejor de los casos hace todo el esfuerzo por comprendernos, por ayudar con lo otros niños y trabajar, con las mismas heridas que nosotras arrastramos desde niñas… Por tanto, seguimos solas.

Entonces, ¿por qué la llegada de un hijo debe ser en tonos pasteles? Atiendo a mujeres hace 17 años, desde hace 40 que yo, soy mujer y voy en el cuarto puerperio e insisto, la verdad, es que cada vez que volvemos a ser madres, la vida se nos pone patas parra arriba. Si de niñas, ser agresivas para defendernos de los golpes de nuestros padres, nos sirvió, lo más probable es que volvamos a ponernos un poco o muy agresivas. Si tuvimos que desconectarnos del mundo para que no nos doliera la falta de cariño, miradas, presencia, durante esta etapa de la maternidad, nos costará más conectarnos con las necesidades de dependencia de nuestro recién nacido. Si tuvimos que ser buenas niñas, obedientes, no pedir nada a nadie, lo más probable es que nos cueste mucho pedir ayuda y que sólo una depresión de aquellas o una “buena” enfermedad, hable por nosotros. Si nadie nos dio leche, abrazos, tiempo, probable es que la lactancia sea dolorosa, hambrientas de amor primario, es muy difícil alimentar a otro. Así, la niña que fuimos se cuela entre medio de nuestro cuerpo recién abierto para dar vida a nuestro hijo. Cuerpo de mujer en puerperio.

¿Esto significa que no me gusta ser mamá, que no quiero a mi hijo? No, esto significa que así es el puerperio. Y nuestras dinámicas internas, nuestras heridas infantiles, se mezclan con las “exigencias” del sistema social en el que todos vivimos, sistema ciego y de corazón de fierro frente a las dinámicas de las mujeres y de sus hijos.

Ustedes ya saben, la maternidad y sus momentos me revuelven el útero, el corazón y las neuronas, justamente, porque es uno de los terrenos de la vida de las mujeres más complejos de atravesar. La maternidad es un fenómeno universal, pero tan, tan, específico para cada una.

Una buena publicidad, nos debiera elegir a nosotras, las mujeres de verdad… las de ojeras que se nos escapa el corazón del cuerpo de tanto amor por nuestros hijos, las del dolor de cabeza de cansancio, pechos grandes y adoloridos, vientres abultados, nosotras las mujeres madres de sensaciones extrañas, las de caos interno. Así somos la mayoría de las mujeres en esta etapa. Nosotras, las niñas que fuimos, en un cuerpo nuevo de mujer madre, muy distinto a la foto.

Leslie Power

 

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