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ImagenDurante el embarazo, pero especialmente luego del nacimiento de su hijo o hija, la mujer entra en un estado psíquico muy especial, propio de esta nueva etapa. La nueva madre desarrolla una organización de la vida mental única, apropiada y adaptada para hacer frente a la realidad de cuidar a un niño, especialmente en lo referente a sus necesidades emocionales.

En esta etapa, o más bien en esta nueva forma de pensar y de sentir, las madres describen a menudo el sentirse distintas, el haber “nacido de nuevo”, o “haber cambiado de piel”. Es como si la experiencia de haber tenido a un hijo en el vientre y luego tenerlo en los brazos, totalmente dependiente de los cuidados maternos, provocara una reorganización completa del funcionamiento psíquico de la mujer. Este profundo cambio, que algunos teóricos han llegado a comparar a los cambios que se suceden en la adolescencia, es necesario para que la madre pueda sintonizarse con su bebé: sentir como él para de esta manera comprender sus necesidades y estados emocionales.

Estos cambios se pueden traducir en una nueva sensibilidad, muchas veces aumentada si se compara con la vida anterior. Es como si la mujer sintiera y percibiera el mundo como el bebé. Y es que no podemos entender al uno separado del otro: lo que siente el bebé lo siente también la madre y viceversa. Es una comunicación y conexión profunda e inexplicable. Muchas mujeres refieren sentir que se están “volviendo un poco locas” al no entender a cabalidad estos cambios, pensando incluso que puede tratarse de una depresión postnatal. Sería como pensar que todos los adolescentes que lloran o tienen períodos de cambios anímicos están deprimidos. Ciertos cambios de ánimo son normales y esperables en esta etapa de profunda transformación.

Surge entonces la necesidad de contención emocional y de acompañamiento. En este estado tan vulnerable (y fuerte a la vez) en que están mamá y bebé, necesitan más que nunca la protección del entorno. Esta protección debe funcionar a todo nivel. La mujer y el bebé en  puerperio necesitan cuidados desde lo más práctico y concreto (alimentación, abrigo, y despreocuparse de otros deberes), hasta los aspectos más emocionales (evitar el estrés, proveer de tranquilidad). D. Stern, psicólogo norteamericano que dedicó años a trabajar con madres y bebés sostenía que “Toda madre necesita una madre para cubrir las demandas de la maternidad”. Es una necesidad profunda de apoyo práctico y emocional, que hace que se activen vivencias, recuerdos y fantasías en torno a la propia madre, y a la experiencia que se tuvo en tanto hija.

Necesitamos crear espacios de apoyo y contención para las nuevas madres. Espacios de encuentro en los cuales las mujeres puedan compartir todas estas vivencias y encontrar el apoyo necesario para transitar por esta etapa siendo acompañadas y cuidadas. Para no sentirse solas, ni que se están volviendo locas. Para promover el bienestar y el cuidado amoroso.

 

Francisca Montedonico

Leslie Power

Psicólogas Cínicas

Nacimiento & Crianza