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Los últimos años han sido reveladores.

No tengo claridad si fue el momento socio-político de Chile, o sí simplemente era el momento en que iba ocurrir.  Sea como sea llegó, como siento me vienen ocurriendo las cosas hace varios años, en el momento perfecto.

Indignate!, el manifiesto de Hessel, probablemente fue uno de los aceleradores del proceso. Entendí que no debía pasar indiferente, que a nuestro alrededor están ocurriendo cosas malas a diario, y que aún estamos dormidos como sociedad. Lamentablemente nací y crecí en un país  que estaba viviendo la dictadura más cruda de la que tenga recuerdos. Un país precioso, con una de las geografías más bonitas del planeta, y con una mezcla cultural a lo largo de sus miles de kilómetros, que ya se quisieran muchos países.

Además de todos los  muertos y desaparecidos, y un modelo socio-económico centrado en el consumo y en el PIB como indicador supremo del desarrollo, el otro gran daño que nos hizo la dictadura fue un legado de mutismo, de nulo debate público sobre temas relevantes para la sociedad, de desigualdad en el acceso a la información y el conocimiento, todo lo anterior ha ido esculpiendo el país que somos hoy.

En Chile las ideas no se comparten, debaten o discuten, en estos tiempos, ante cualquier idea del “contrario”  lo primero y más fácil es atacar, sin analizar ni conversar. Hoy en Chile, y compartiendo las ideas de Maturana, no nos comunicamos, falta que nos sentemos a conversar, que nos comuniquemos bien, mientras eso no ocurra en una sociedad, nada bueno se puede esperar. Las nuevas ideas no encontrarán cabida, las bases de nuestra sociedad seguirán siendo las que hoy nos rigen, el consumismo, el indivualismo, la inequidad, el exitismo y la competencia.

En 2011 sentí la necesidad de promover este despertar, en la medida que yo también iba despertando. Me junté con algunos estudiantes, otros profes, y unos cuantos ciudadanos de a pie, e identificados como los “Indignados Chilenos”, entre otras cosas, respondimos al llamado de una movilización mundial para el 15 de octubre, y ahí estuvimos, fuimos más de 80 mil recorriendo las calles de Santiago, y más de 90 mil en todo Chile. También tuve la oportunidad de ir al Congreso del Futuro que organizó el Congreso Nacional, confirmé lo que venía pensando hace rato, la ciencia y la ciudadanía están alineadas, los políticos no. (leer aquí Columna que escribí en esa oportunidad).

Urge una revolución pacífica, y el cambio político no va a llegar por esa vía, no tenemos muy buenos antecedentes como para pensar que así va a ocurrir. Para intentar el cambio político hay hartos que pelean a diario desde la política, quizás durante algunos meses sin saberlo estuve haciéndolo, y es agotador hacerlo en un país duopolico, quizás en otra vida lo haga. Sin embargo mis respetos van para las nuevas generaciones de Giorgio Jacksons, Joses Ankalaos, Gabriel Boric y todos los que están construyendo desde lo nuevo. Por el momento sigo favoreciendo el debate de los asuntos públicos, teniendo una postura crítica hacía los políticos a quienes pagamos el sueldo, y que por tanto deberían responder a los interés de la mayoría, y no de un par de familias, y también sigo promoviendo la Asamblea Constituyente como vía a una Nueva Constitución. Sin embargo la revolución pacífica de la que les hablo no ocurrirá en las calles, no será votada en un congreso, ni será televisada, algunos también la llamamos “Revolución del Amor”, un cambio desde las bases, un cambio desde cada uno de nosotros.

¿Podemos cambiar el mundo, sin antes cambiar nosotros? Lo dudo, puede ocurrir, pero me parece que será un largo camino lleno de palos ciegos, mejor hacemos el trabajo bien y comenzamos “desde el principio”, desde el nacimiento.

Bajo esa premisa me di cuenta que hay mucho que hacer, primero en casa, y luego en nuestra profesión. Entendí muchas cosas y, como les dije a un grupo de estudiantes hace unas semanas, me convencí de que tengo “el trabajo más importante del mundo”, acompañar en el nacimiento de nuevos seres, y educar a quienes en el futuro acompañaran las gestaciones y nacimientos en nuestro país. Y en eso estoy. Al igual que Paulo Freire, creo que “decir la palabra verdadera es transformar el mundo” y que “estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas”, y bajo esos conceptos llevo a cabo día a día mi rol de profesor. No quiero que la verdad sea un acto revolucionario, sino cotidiano.

2013 no será el año de ser padres, pero cada vez falta menos, todo este proceso me ha ido preparando de manera impensada para cuando llegue ese momento. El conocimiento acumulado durante casi 28 años se mezclará con las emociones y sensaciones que produce crear y traer una vida al mundo, el día que sepa que voy a ser padre comenzará la etapa más importante de mi “Revolución del Amor”.

El 2013 nos ofrece la oportunidad de seguir trabajando e intentando transformar las cosas con nuestras ideas, como dijo Victor Hugo “No hay nada más poderoso que una idea cuyo momento ha llegado” y la idea de esta Revolución ya se sembró, cada días somos más quienes estamos trabajando en favor de gestaciones, nacimientos y crianzas conscientes y respetuosas. Cada día se habla más del tema y aparece evidencia que respalde todas esas ideas. Cada día hay mas mujeres y hombres empoderadas y peleando para que se respete su derecho elegir como parir, a dar pecho sin prejuicios y criar conscientemente a futuros ciudadanos libres, respetuosos y compasivos del otro, creativos, inteligentes e intuitivos. Todo lo anterior es signo de que estamos mejorando como sociedad, lento, pero mejoramos.

En 2013 seguiré trabajando por la Revolución, porque asumo mi rol de adulto en esta sociedad a la que pertenezco, creo que nosotros somos el futuro de la sociedad y no los niños. Ellos van a crecer con nosotros. Si nosotros no vivimos bien, no nos comunicamos bien, no establecemos como bases de nuestra vida, la felicidad, el conocimiento y el amor, ellos no lo harán. El futuro esta en nuestras manos.

Les deseo a todos quienes se dieron el tiempo de leer estas líneas el mejor año de sus vidas, hagan de este 2013 un año inolvidable en todo orden de cosas. A seguir luchando por nuestros sueños, viviendo cada instante cómo el último y cada situación como si fuera un milagro.

Un abrazo!

Gonzalo Leiva Rojas.