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En mi trabajo recibo personas, entre ellas adultos que de niños fueron mal tratados por sus propios padres. Golpes, zamarreos, duchas de agua fría, humillaciones, castigos, torturas, indiferencias, retirada del cariño “ya no te quiero”, silencios eternos, falta de miradas, palabras, interés, falta de amor.

Recibo a algunas personas que han sido emocionalmente desamparados. Adultos de niños violentados de manera evidente y de manera no tan visible. Hoy, según Unicef Chile  el 71% de los niños recibe algún tipo de maltrato http://www.emol.com/noticias/nacional/2012/10/30/567322/unicef-denuncia-que-el-71-de-los-ninos-chilenos-sufren-violencia-intrafamiliar.html Hoy en Chile el 70% de los adultos encuestados frente a un video http://www.youtube.com/watch?v=QW2KGkg3D9U donde una madre canta con sus hijos y al finalizar los niños, que compartían felices con la madre, “molestan”, reciben un golpe cada uno en la cabeza, justifican el golpe.  La mayoría de los hijos de padres golpeadores justifican el golpe hacia los propios hijos y hacia los demás niños, señalando que es una buen manera para “disciplinar”. Hoy, la Convención Internacional de Derechos del Niño (CIDN) Unicef, Colegio de Psicólogos, Sociedad Chilena de Pediatría y todas las investigaciones en desarrollo del cerebro infantil, agrupadas en neurociencias y la teoría del apego, señalan que NO se debe golpear ni humillar a los hijos. A nadie en realidad, es un tema de derechos humanos, de sentido común.

Sin embargo, una psicóloga infanto juvenil en el programa “Mujeres Primeros” del canal La Red http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=6GgGZONxy8Y  sugiere, duchas de agua fría para controlar a los hijos en pataletas, dice que los golpes, no son convenientes porque a los padres se les “puede pasar la mano”. Dice que los niños son “manipuladores” y recomienda los “times outs” o tiempo fuera, es decir, sacar al niño del lugar para que pueda pensar en su “mala conducta”.

Estas declaraciones son un llamado al maltrato infantil. Punto.

No las sigamos. Lamentablemente la colega no ha actualizado sus conocimientos en teoría del apego ni desarrollo del cerebro, por tanto, menos en psicología, ni neurología.

Aclaremos:

Las “pataletas” o “berrinches” es una reacción conductual que se da en el 80% de los niños entre 1 y 4 años, es decir, ocurre en la mayoría de los niños, por lo tanto, es una conducta normal. Sin embargo, a pesar de ser una conducta “normal” se comprende cuando nos angustiamos frente a una pataleta que puede contener desde llantos, patadas, tirarse al suelo, pegar. Comprendemos la angustia y descontrol de los padres, sobre todo, si ellos mismos fueron objetos de descontrol violento por sus propios padres.

Sigamos. La pataleta se da generalmente cuando nuestro hijo está cansado o bajo estrés, eso quiere decir, que en su cerebro se está secretando cortisol y nosotros los adultos no hemos sabido anticiparnos a ese estado. La pataleta es una manera de demostrar la rabia, pena o frustración que en ese momento los seres humanos estamos sintiendo. ¿Por qué los niños no expresan la molestia con palabras? La respuesta es sencilla: no pueden ya que su cerebro está en pleno desarrollo y carece de las habilidades para distinguir y explicar claramente a sus padres lo que les sucede. Un niño de 3 años, no puede decir: “mamá, he aguantado mi pena todo el día, te he echado mucho de menos, tengo mucho sueño y quiero dormir, pero también quiero jugar contigo, no quiero perder tiempo bañándome, prefiero estar contigo y jugar, pero estoy cansado y no sé a qué quiero jugar y estoy a punto de llorar, porque en realidad no sé lo que quiero.”  El niño de 3 años, sencillamente no tiene la madurez cerebral para estructurar este tipo de reflexiones. No puede. No es que no quiera, no puede, por tanto hecha mano a las “pata -aletas” pataletas, usa lo que en su corta vida ha tenido a mayor y mejor acceso, su desarrollo corporal.

Por lo tanto, la pataleta se trata de una forma de expresión de la frustración y no de una manipulación. Existen “pataletas” que son una total desorganización del cerebro, por lo tanto, casi nada de lo que los adultos hagamos podrá sacarlos de ese estado, y hay de esas pataletas más simples, esas que el niño desea algo y sabe que llorando puede conseguirlo, en estos casos, distraerlo, explicarles, imitarlos en su llanto y conducta, los saca del estado de estrés de manera rápida, si es que realmente es imposible otorgarles placer en ese momento. Podemos decir “entiendo que tienes mucha rabia porque no compré más helados, entiendo, tu rabia, pero no compraré más, has comido suficiente”.

Si los adultos comprendemos que nuestra función como papás es ofrecerles límites claros y definidos de contención, entonces frente a una pataleta, tendríamos que ponernos en el lugar del niño, es decir, ser empáticos. ¿Qué le está sucediendo a mi hijo? Los niños requieren que los adultos, nos acerquemos y nos pongamos en “sus zapatos”. Por ejemplo, podemos bajar nuestro cuerpo hasta que nuestros ojos crucen miradas con la de nuestro hijo, y explicarle que pareciera que está sintiendo mucha rabia porque hay que bañarse. “Pollito entiendo que no te quieras bañar, pero estás, muy sucio, qué tal mamá te baña y jugamos con los botes y los animalitos de la selva, que también están muy sucios.” Incluso, cuando nuestro hijo está absolutamente descontrolado, podemos tomarlo en brazos y acompañarlos a dormir “tranquilo hijito, estoy contigo, estás cansado, tranquilo, yo te cuido, tutito…” Está demostrado que este tipo de acercamiento frente a una pataleta, hace que la frecuencia y las intensidades de ellas disminuyan o se eliminen, ayudando a una relación de apego seguro y un desarrollo cerebral adecuado.

¿Queremos que nuestros hijos sean empáticos, amorosos, buenos amigos, “líderes positivos”, alegres, felices, sanos? Si la respuesta es afirmativa, partamos nosotros por ser empáticos con nuestros hijos, a quienes supuestamente amamos incondicionalmente. Incondicionalmente. Tal cual son, según las etapas del desarrollo y madurez de su cerebro.

Incondicionalmente, sin condiciones, “te amo siempre” y estoy para ayudarte y enseñarte a atravesar de la manera más creativa e inteligente por tus primeros problemas. (8 horas en una institución “educacional”, al cuidado de una persona que no es la figura de apego, una pataleta, miedos, penas, sensaciones de soledad, cambio de las variables por el nacimiento de un hermano, etc.) Mmmmm parece que no amamos incondicionalmente. Quienes si nos aman incondicionalmente son nuestros hijos a nosotros, aunque les peguemos, castiguemos, bañemos con duchas frías. Ellos nos aman, llegando a tolerar los malos tratos. Algunos crecen y justifican los malos tratos, algunos siguen auto inculpándose y/o están los que se rebelan, otros tantos resilientes, se unen a causas sociales.

Cuando pase el momento de la pataleta, luego de haber sido empáticos y contenedores de nuestros hijos podemos conversar con ellos y reflexionar juntos, por ejemplo, podemos decir, “Jualiancito, parece que estabas muy enojado hace un rato, ¿cierto?” “Julián cuando estés enojado, no quiero que me vuelvas a pegar patadas, ¿te pego yo? ¿le pego patadas a tus hermanos?” Cada vez que entre en estado de estrés y se ponga agresivo, volvemos a enseñarle, “no me gusta que me pegues, las personas no nos golpeamos, pronto aprenderás a no hacerlo”.

Los niños se cansan, igual que los adultos. A ellos se les castiga a los adultos no.

Los niños dejan comida en el plato. Igual que nosotros los adultos, la diferencia, nadie nos dice nada, a ellos, los retamos y humillamos.

Los niños están descubriendo la movilidad y agilidad de su cuerpo, por lo tanto quieren ensayar sus logros. No suelen estar quietos.

Los niños a sus padres los aman con todo su corazón, dependen de sus padres o cuidadores para vivir, jamás quieren conscientemente hacerles daño. Ellos siempre necesitan atención. Cuando un hijo deja de pedir atención, estamos frente a un grave problema y lamentablemente nuestros niños están con déficit de atención.

Los niños ensayan las relaciones sociales con juegos y peleas con los hermanos. ¿Los adultos no peleamos con nuestros hermanos y luego nos arreglamos?

Los niños quieren mandar y conseguir lo que desean, pero claro, ni a los adultos se nos permite el placer real… menos a los niños, a los que hay que adiestrar ¿no?

Por inmadurez muchos niños se hacen pipí en la cama. No porque quieran hacerlos, por que son flojos o tienen un problema de salud. Calma por favor.

Por inmadurez los niños se mueven a la hora de comida, mascan con la boca abierta. ¿Tus hijos comen contigo? Si la respuesta es si, ellos pronto van a comportarse a la hora de comida de la misma manera en que tu lo haces. Confía.

¿Siempre terminas las cosas que comienzas? Yo no, por momentos no tengo ganas o estoy encubando un virus y me siento decaída. A los niños les pasa lo mismo….

Podría seguir…

Sugerencias propias del conductismo clásico, la pedagogía negra, adultocentrismo, ideas que hablen de “métodos” “correctivos” como castigos, times outs, indiferencia, duchas de agua fría, humillaciones, retiradas de cariño, es simplemente no comprender como somos las personas, sólo deteriora el vínculo entre padres e hijos, quedando los niños desprovistos de herramientas emocionales para enfrentar conflictos. Este tipo de castigos, dañan el cerebro. Quedan los niños más irritados, acumulan violencia, se enferman, no encuentran salida, se someten. Algunos de ellos, incluso, pueden erradicar la conducta disruptiva, no porque hubo una real comprensión y/o maduración, sino porque hubo terror de recibir más golpes por parte de quienes los aman: su mamá y papá. Se someten al adulto que aman, porque le tienen terror. Quedan sumisos y desprovistos de amor. Algunos niños, siguiendo estilos relacionales de la familia, pueden comenzar a elaborar rasgos antisociales, convirtiéndose en “expertos” en desafiar la ley. Esto último si usted pensó que su hijo había modificado conducta porque aprendió, se equivoca, es hipocresía y no conciencia moral. Nosotros, los adultos estamos para formar ética y moral. Otros niños lloran en silencio, se revelan, se auto agreden o buscan testigos (abuelas, vecinas, psicólogos del colegio, diarios de vida).

Si nos acercamos en vez de alejarnos, seremos padres amorosos y contenedores en esos momentos difíciles. Este camino es el largo, requiere tiempo, palabras, pedir ayuda en caso de sentir descontrol y deseos de golpear o humillar, aprender sobre cerebro infantil, cuestionar los estilos de crianza recibidos. El camino corto y perverso (se sale del verso) es el golpe, palabras humillantes, castigos, requieren poca comprensión, empatía, estudios, cariño.

Maite, es delgada y bajita, está llorando mucho, no tiene ganas de comer y está pegada a la televisión. Juan la toma de un brazo y la tira al suelo, la arrastra hasta la ducha, la mete a la tina y le larga el agua helada por aproximadamente un minuto. María se calma, pero queda mirando con miedo y mantiene ese llantito a saltos, pero bien en silencio. Maite se duerme.

Maite tiene 35 y Juan 40, son marido y mujer.

La violencia es un tema complejo, tiene muchas variables a considerar para ser bien tratado. Criar a nuestros hijos en una sociedad que valora la producción y exitismo, por sobre el compartir y estar en familia, donde la mayoría debe trabajar 8 a 10 horas diarias para sobrevivir mientras otros pocos mantienen el poder y los beneficios. Criar hijos, en un sistema patriarcal de dominación de unos sobre otros, donde el adultocentrismo es una ley absurda, es muy complejo. Estar con nuestros hijos cuando se nos ha estimulado a ser “mujeres visibles” pero “madres invisibles”, es muy difícil… la m(p)aternidad es realmente invisible a la sociedad y la mayoría de las personas que están criando niños lo hacen a solas y nuestra especie de mamíferos humanos no está dotada para cuidar a solas, se necesitan de muchos adultos para cuidar a unos pocos niños. Pero no hay adultos, están todos trabajando.

Estamos con las ideas muy revueltas y con nuestros cerebros muy mal acostumbrado. Hemos perdido sensibilidad, nos hemos tenido que adaptar a vivir a contracorriente de lo que nos hace realmente bien.

Sé que es muy difícil no zamarrear a un hijo, si nosotros mismos fuimos golpeados. Sé que la crianza de nuestros hijos es muy compleja y que para peor casi no hay tiempo y cuando lo hay, nosotros los adultos queremos “borrarnos” “carretear” correr a hacer deportes, estar con los amigos … la infancia de nuestros hijos nos recuerda la propia infancia. Hay que ser valiente para detenerse, pararse y pensarsentir en qué estamos. Hay que ser valiente para criar de manera respetuosa. Hay que ser valiente para educar a nuestros hijos en el amor para que puedan ser libres. Una mujer de 40 años me preguntó “Tu, le dices te amo a tus hijos” Rápidamente le contesté que si, diariamente. “Ah, yo encuentro ordinario decir “te amo”.

Nuestra sociedad condena todo tipo de violencia, menos la violencia hacia nuestros propios hijos.

Leslie Power

Psicóloga Clínica

Mamá de 4 hijos.

Dejo la declaración pública del Colegio de Psicólogos de Chile frente a las súplicas de miles de madres, padres y profesionales de la salud que denunciamos en medios y redes sociales http://www.facebook.com/Powerleslie/posts/397474323661049 los dichos de la psicóloga infanto juvenil.

Estimado/a Colega:

Adjunto enviamos para su conocimiento Declaración Pública del Colegio de Psicólogos de Chile de fecha 26 de diciembre de 2012, sobre comentarios emitidos en programa “Mujeres Primero” del canal de televisión La Red.

https://docs.google.com/document/d/15wilWv0yONeRsbUrdG1EtODaUxztr2nZwLYhzuwH948/edit

Referencias:

El Cerebro del Niño. Siegel, D.

Apego e Intersubjetividad. Lecannelier, F.

Crianza, Violencias Invisibles y adicciones. Gutman, L.

Amor o dominación: Los estragos del patriarcado. Gutman, L.

El amor y la ciencia. Odent, M.

La Causa de los Niños. Dolto, F.

Bésame Mucho. Gonzalez, C.

La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente. Rodrigañez, C.

El Apego. Bolwby, J.

Salvar tu vida. Miller, A.

La llave perdida. Miller A.

El cuerpo nunca miente. Miller, A.

El drama del niño dotado. Miller, A.

Y el sentido común.