Etiquetas

, , , , , , ,

mom-and-newbornLa separación temprana madre hijo. Efectos en el vínculo y desarrollo cerebral.

Foro: “Visibilizando la Violencia Obstétrica”.

Red Relacahupan Chile.

UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE CHILE.

Noviembre 2012, SANTIAGO.

INTRODUCCIÓN:

Para la presentación de hoy me centraré en el científico y neonatólogo Nils Bergman, en el psicoterapeuta Allan Schore y sus avances en neurociencias y teoría del apego. También, todo lo que diga, está inspirado en la bióloga y escritora Casilda Rodrigañez y en el obstetra Michel Odent. También por las centenares de mujeres que generosamente me han mostrado día a día su realidad emocional.

La premisa es que cuando una mujer es violentada durante su gestación, parto y primeros años de crianza, el vínculo de apego se ve perjudicado y por tanto la salud integral del niño que crece y la salud de la madre.

El parto y el puerperio son parte de la sexualidad femenina, ocurren en nuestros cuerpos las mismas hormonas que en la sexualidad compartida con una pareja y queremos, deseamos, estar cerca del otro, en el caso del parto y puerperio queremos estar pegadas a nuestros recién nacidos, no queremos que nos separen, pero nos separan. Y nos han separado tanto que ya nos parece “normal” la violencia que implica que nos separen de nuestros hijos. Una violencia que miles de años hubiese sido visible, hoy es invisible y la hemos asumido como normal. ¿Es normal que nuestros hijos duerman en la otra habitación? ¿Es normal que nuestros hijos sean separados de nuestros cuerpos una vez nacidos? Alguna anciana sabia, dirá que no, pero como quedan pocas, las neurociencias, han tenido que confirmar lo obvio: NO ES SANO SEPARAR A LAS MADRES DE SUS RECIÉN NACIDOS. Es violencia obstétrica.

Existen muchas formas de violencia obstétrica, que es un tipo de violencia hacia la mujer y que lamentablemente involucra a los hijos que nacen de ella, niños hombre y niñas mujeres. Desde ahí y siguiendo a Michel Odent, obstetra Francés, investigador en salud primal quien dice que para cambiar el mundo se necesita cambiar la forma de nacer, agregaremos que también para cambiar el mundo necesitamos cambiar la manera en que los hombres y las mujeres vivimos nuestra sexualidad y la forma en que estamos criando a nuestros hijos.

Desde la psicología quiero destacar la violencia obstétrica que apunta a la separación temprana de una madre con su recién nacido.

Esta separación que se justifica en beneficio de la salud del recién nacido para realizar todo tipo de “procedimientos médicos” es simplemente un asegurar la salud del sistema de salud y no para favorecer la salud de la madre, hijo y la salud vincular.

APEGO:

Todo mamífero humano nace inteligente, con capacidad para apegarse a otro y para amar. Mientras nos gestamos en el vientre de nuestra madre, las ideas, creencias y estilos culturales comienzan a impactar nuestro desarrollo cerebral.

El mamífero humano recién nacido está listo para apegarse y sobrevivir, para lo cual contará con una madre o “cuidador principal”, quien va a satisfacer las necesidades de vida de este nuevo hijo según la cultura en que se encuentra y desde la propia conflictiva psicológica. De esta manera, cada madre, padre o cuidador principal (nana, abuela, vecina) dará respuestas a las necesidades del niño al que cuida y “ama” desde su propia historia de vida.

El niño necesita del adulto o cuidador principal para que le devuelva el equilibrio perdido cada vez que entra en estrés (hambre, sed, miedo, pena, angustia, ansiedades, dolores, enfermedades). Se espera que el adulto sea sensible, capaz de sintonizar rápido con las necesidades de su hijo, de tal manera que pueda responder adecuadamente al estrés del niño. Mientras más atingentes sean las respuestas por parte del cuidador principal, el cerebro del niño estará menos expuesto a la hormona del cortisol (estrés) y crecerá con sensaciones más plenas en su cerebro. Si un niño llora poco los primeros años de vida, guardará en su memoria implícita (cerebro) más sensaciones de placer que de displacer, lo que le hará una persona más calmada, segura y confiada. Ese hijo con apego seguro será una persona que difícilmente se sentirá cómoda con el maltrato y los abusos.

Somos los padres los que tenemos el poder de organizar o desorganizar el cerebro de nuestros hijos, darles seguridad o inseguridad, etc.; tal como ya varios especialistas en cerebro infantil lo han expresado: “los padres somos los arquitectos del cerebro de nuestros hijos”, “la madre moldea el hemisferio derecho durante el primer año de vida” (D. Siegel; A. Schore). Y somos los profesionales de la salud los que tenemos la capacidad de desorganizar u organizar la mente de una mujer gestante o de parto con la información que le entreguemos. Somos los profesionales de la salud en especial, los obstetras y matronas los que pueden empoderar a una mujer en su capacidad de parir y somos la sociedad completa, incluidos los padres y profesionales de la salud los que podemos transmitir estilos de crianza que pueden atrofiar la capacidad de amar, la inteligencia y el apego innato con que nacen nuestros hijos.

DINÁMICA PSICONEUROLÓGICA DE LA SEPARACIÓN MADRE HIJO:

Cuando el mamífero humano nace hay un momento de transición hacia el inicio de la crianza, durante ese período el objetivo principal es AMAMANTAR al recién nacido para restablecer el equilibrio, por la pérdida del estado pleno dentro del útero y respetar su instinto de succión para obtener principalmente seguridad y calma cerebrLos mamíferos al nacer y para toda la vida erigen una serie de comportamientos que tienen por objetivo la mantención de la lactancia y la sobrevivencia. Para eso en el cerebro del mamífero humano existen principalmente tres sistemas a los que se les ha denominado:

1.- Programa de defensa

2.- Programa de nutrición

3.- Programa de reproducción.

Cuando el recién nacido está con la madre mama (sistema de nutrición), cuando está lejos de la madre, protesta (sistema de defensa).

El recién nacido inicia el proceso de vinculación social con su madre estimulando la respuesta de la madre e iniciándose el programa de relaciones sensoriales mutuas. Es el recién nacido quien nace dotado de estos programas con el objetivo de determinar las conductas de regulación que puede ofrecer la madre.

El proceso de vinculación de apego, puede ser perturbado por cualquier intervención, la peor de todas: separar al recién nacido de su madre. En ese momento el bebé se desespera cerrándose el sistema de nutrición (calma y seguridad) para activar el sistema de defensa, lo que dispara una cantidad enorme de hormona del estrés, llamada cortisol. “He perdido a mi madre”. El niño llora desesperado y rigidiza sus extremidades.

Esta es la primera violencia a la que todo ser humano hombre o mujer en los primeros años de vida suele ser sometido, lo que provoca daño en la formación del hemisferio derecho y de otras estructuras cerebrales, como la amígdala. Cuando un niño activa su sistema de defensa lo hace porque se está sintiendo mal tratado y reclama inteligentemente, llorando, a su mamá para que le restablezca el equilibrio perdido. Que la madre acuda depende de los mensajes culturales que ha recibido y de la propia historia de conflictos relacionales con sus propios padres. Sepamos que la tasa de cortisol en la saliva de los bebés separados de sus madres es el doble de los que permanecen en contacto con la madre.

El cerebro del mamífero humano recién nacido requiere de un ambiente apropiado para su desarrollo óptimo, y el niño demanda el CONTACTO PIEL A PIEL con la madre y la lactancia. El bebé en contacto piel a piel regula temperatura, respiración, latidos del corazón, sintiéndose seguro y confiado.

Los bebés en contacto con la madre tienen las siguiente protecciones:

–       Protección física de la madre.

–       Protección inmunológica de la leche de la madre.

–       Protección neurológica contra el estrés.

–       Mayor inmunidad para cuando sea más grande.

Para la madre, no separarse de su recién nacido tiene beneficios:

–       Los problemas en lactancia disminuyen si hay contacto piel a piel.

–       Lactancia prolongada es un factor que ayuda a prevenir el cáncer de mamas, ovarios, osteoporosis, depresión post parto.

–       Duerme mejor.

–       Mejor unión, menos abandono de bebés.

–       Mujeres empoderadas y se sienten competentes en cuidar a su bebé. Se empoderan frente a ellas mismas, a la pareja, frente a la sociedad.

–       Se sienten capaces, fuertes y sabias.

–       Fortalece las habilidades parentales.

–       Menos violencia y por tanto menos estrés.

–       Mujeres confían en las capacidades de su cuerpo y de su amor.

– Disminuye la probabilidad de maltratar a un hijo.

Un niño que luego de activar su sistema de defensa, no logra cautivar a la madre o cuidador principal, puede que deje de llorar, se auto consuele, se enferme en busca de atención o se someta al mensaje y aprenda que su llanto no consigue nada: No hay figuras de apego seguras, nadie me ama.

La lactancia, el porteo y el colecho aunque no garanticen el apego seguro, colaboran en que la madre sintonice de mejor manera con las necesidades de su hijo proporcionando la adecuada regulación, de esta manera el niño se sentirá la mayor parte del tiempo satisfecho lo que organiza su cerebro de manera adecuada.

¿Qué termina por garantizar el apego seguro?

La propia revisión del mundo emocional de los cuidadores principales de tal manera de criar con la menos proyección de conflictos inconscientes sobre la identidad de nuestros hijos. No hay mejor regalo que una mente analizada para relacionarse con los hijos.

Por tanto, la labor de la enfermera, matrona y todos los profesionales de la salud, es proteger a la diada madre e hijo y jamás separarlos.

Separar a la diada, romperla, es violento. Mantener a la madre y sus recién nacidos “apegados” ayuda a fomentar conductas de amor por parte de la madre hacia su hijo. El hijo que nace, ya la ama.

La separación temprana causa patologías relacionadas con el estrés, ya que el bebé separado de su madre activa su sistema de defensa, llora y se rigidiza sintiéndose inseguro y desconfiado. Esta es la base de una serie de patologías que tienen relación con abandonos, abusos infantiles, ansiedades, angustias, miedos, inseguridades. De más adultos se manifiestan en trastornos de personalidad, bipolaridades, depresiones, abusos de alcohol y drogas, crisis de pánicos, automutilaciones, relaciones interpersonales agresivas, descontrol de impulsos, conductas antisociales, etc.

Allan Schore en comunión con Michel Odent, Michel Balint, y todos los científicos que trabajan en salud primal, apego, neurociencias y psicoterapia, dice: “El útero y los entornos inmediatos después del nacimiento y las relaciones diádicas entre el niño y sus cuidadores en los primeros años de vida pueden tener efectos directos y permanentes en el desarrollo cerebral del niño y en su comportamiento”. Entra la epigenética a decirnos que las experiencias relacionales con la madre y/o los cuidadores cercanos las que estructuran el cerebro, sobre todo el hemisferio derecho, influyendo en el comportamiento y en la salud física para todo el resto de la vida.

Los hijos son moldeables por su padre y su madre y el padre y la madre en estado de vulnerabilidad obstétrica son moldeables por los profesionales de la salud. Tengamos mucho cuidado con el “poder” que nos otorga la posición de autoridad en este sistema social patriarcal. Invito a trabajar desde la humildad y devolver el poder a los cuerpos de las mujeres. Propongo criar desde la humildad y devolver la capacidad de autoregulación de nuestros hijos. Propongo ser acompañantes de otros seres humanos, sin imponer verdades desde nuestras propias sombras psíquicas y sombras culturales.

CULTURA Y CRIANZA:

En la naturaleza existen mamíferos que nacen inmaduros y maduros. El ternero nace maduro con cuatro estómagos para poder procesar la leche en extremo pesada y grasosa de su madre vaca. El humano nace inmaduro y necesita de leche humana, hecha para humanos.

El mamífero humano aún su tremenda inteligencia es el mamífero más dependiente de todos. El recién nacido no nace listo para correr de su depredador, para eso se demoran casi ¡12 años!

Por tanto, transportar al hijo por algunos años es clave para mantenerlo sano y seguro. En esta época, quizás ya no hay perros salvajes que vengan por nuestras crías, pero si hay depredadores sexuales o violentos que pueden arrasar con la salud de nuestros hijos. Un niño que crece con buena autoestima, confiado del amor de sus cuidadores: madre y padre, jamás será presa de un depredador.

Hay culturas en que se respeta a la diada madre e hijo y la no separación de ellos. Los cazadores humanos, jamás se separaban de sus recién nacidos, los bebés eran y son transportados con la madre y maman hasta los 2 y 3 años y el padre queda en un segundo plano. En cambio en nuestra cultura, se ignora el llanto de nuestros hijos con métodos como el “Duérmete niño” del Dr. Estivill y se le hace dormir a solas, se le evita cargar en brazos y se está privilegiando dar leche en mamadera y de vaca. Pero al adulto hombre (marido, pareja) se le acompaña por la noche, se le da buen vino y comida de calidad. Esto es parte del machismo del patriarcado de nuestra sociedad y del adultocentrismo: madre y padres mandan a los hijos, ellos son de segunda categoría, van en el peldaño más bajo de la jerarquía., si nuestros hijos, abajo.

Se privilegia, al parecer por falta de tiempo de padres en extremo trabajadores, la independencia temprana de los hijos que nacen en extremo inmaduros y por tanto dependientes. Forzar la independencia genera estrés y comienzan los primeros orígenes de la violencia. Por tanto, tal como dice el investigador Nils Bergman en su documental, NUNCA SEPAREMOS AL RECIÉN NACIDO DE LA MADRE, mantengamos el contacto constante y la lactancia.

Nunca separar madre-criatura, mantenerlos siempre juntos.

Pero si trabajamos ¿cómo lo hacemos? Cargando a nuestros bebés en bandoleras como siempre todas las mujeres de la humanidad lo hicieron. Lo que pasa es que antes el trabajo de la mujer no era remunerado y no entraba en las leyes del trabajo hecho por hombres y para hombres. Lamentablemente el sistema laboral no considera los ritmos de las mujeres gestantes, las que amamantan, las que crían. Ellas, las madres trabajadoras para ser parte del sistema laboral masculina, deben cortar, sus leches, vínculos, regulaciones fisiológicas mutuas con su hijos, en definitiva, debemos cortar nuestros procesos sexuales. Mientras, nos cortamos, nuestros hijos quedan al cuidado de terceros y los terceros dejan a sus hijos al cuidado de cuartos, perpetuando los ciclos de abandono y de violencias.

¿Por qué los mensajes culturales no han transmitido la sabiduría del cuerpo de la mujer para parir y satisfacer a sus hijos, manteniéndoles en estado de nutrición, calma y seguridad?

¿Por qué el saber se ha hecho propiedad privada de algunos?

¿qué pasa si las mujeres nos empoderamos y trabajamos con nuestros hijos a cuestas?

¿Qué pasaría con la humanidad si las mujeres y los hombres comienzan a informarse sobre el poder que tienen dentro de ellos mismo y que lo avala cientos y cientos de años de humanidad?

¿Qué pasa si existen seres humanos que crecen en calma, seguros, sanos?

¿Qué pasa si niño y madre se empoderan gracias al poder de los cuerpos juntos?

¿Y si estando juntos madre e hijo, se secreta la hormona Ocitocina, o también llamada hormona de la vinculación amorosa y del amor, no será que teniendo más seres humanos amorosos, la humanidad viva mejor?

¿Será que seguiremos llamando a la mujer como el “sexo débil” negando el tremendo poder que tiene?

¿Será que es necesario poner a los hombres en contra de las mujeres, situándolos en bandos? O ¿será mejor comprender las diferencias que nos complementan para hacernos cargos juntos de las crías que hacemos?

¿Necesitamos mujeres ignorantes, pasivas y sumisas con hijos en brazos?

¿O necesitamos mujeres sabias que conocen el poder biopsicosocial de su cuerpo, para terminar con las violencias?

¿Hasta cuando seguiremos mintiéndonos con ideas ajenas y de paso agrediendo a nuestros propios hijos, pensando en que pueden ser independientes a los 6 meses de vida, cuando están justamente en la etapa de mayor dependencia orgánica hacia sus cuidadores principales, madre y padre?

¿Hasta cuando los que trabajamos en la salud nos creemos dueños de una verdad? ¿Por qué somos egoístas y no participamos activamente en políticas públicas que ayuden a tener seres humanos más sanos?

CONCLUSIONES:

El desarrollo del individuo surge de la relación entre el cerebro y cuerpo del niño y el cerebro y cuerpo de su cuidador principal, generalmente, la madre.

Esta relación se da en una cultura ambiente que apoya, inhibe o incluso puede llegar a amenazar su estabilidad. Los equipos de salud son parte crucial de la cultura y sus discursos actúan como fuerzas explícitas conscientes e implícitas que impactan, para bien o para mal, la diada madre-hijo que moldean tempranamente el cerebro y desarrollo de la personalidad.

Las fracturas o fallas durante la etapa de amor primario (M. Balint) es decir, primeros años de vida mientras el niño desarrolla su lenguaje dejan heridas relacionales, vinculares, psíquicas, faltas básicas, que nunca nada ni nadie podrá llenar… queda un espacio vacío, sensaciones de soledad, muerte, desamparo que se vivenciarán durante toda la vida.

Uno de cada cinco niños norteamericanos sufre algún tipo de trastorno psiquiátrico (A. Schore). En Chile el 71% de nuestros niños recibe algún tipo de maltrato (UnicefChile). Para el 2020 la OMS pronostica que la depresión será una epidemia y los suicidios una de las mayores causas de mortalidad.

El vínculo relacional es clave a la hora de hablar de salud de nuestros ciudadanos.

La separación del hijo de sus figuras de apego, es vivido como violento por parte del niño, le duele. Nos guste o no esta idea. Es urgente recuperar un cierto grado de comprensión, control y dirección sobre lo que les sucede a nuestros hijos en sus primeros años vitales de máxima vulnerabilidad. En los primeros años, no se puede hablar de niño sin hablar de madre ya que se regulan mutuamente.

No separemos a las madres de sus hijos. Evitemos la violencia. Un ser humano que crece sufriendo por falta de amor primario, vínculos de seguridad con sus padres, es una persona que muchas veces pierde su capacidad de amar, su capacidad de empatía, quedando presa del maltrato. El maltrato en la infancia, en la adultez, nunca deja de doler.

Partos respetados hacen que respetemos a los que llegan y que las mujeres se empoderen y al hacerlo, dejarán de ser sumisas y acepten las violencias establecidas. Es hora de que las mujeres puedan ponerle palabras a nuestros deseos y sentimientos. Es científico no querer separarnos de nuestros hijos.  Es científico querer calmar a las crías con nuestro pecho cada vez que se active el sistema de defensa en el cerebro de nuestros hijos. Amar a nuestras crías es científico. Pero le tememos a la autoridad médica, como le temimos a nuestro padre autoritario.

Por tanto, cuidado con lo que se les dice a las pacientes gestantes, de parto y a las que están criando, que matar el poder que poseen las madres es matar la salud integral del niño que crece. Las descargas masivas de estrés crean una toxicidad bioquímica que perjudica la formación del sistema neurológico, dañando las sinapsis y las memorias relacionales. Es decir, es sano que los hijos estén calmados. Ya vemos porque el deseo de consolar a los hijos, de tomarlos en upa, de protegerlos durante la noche y no dejar que lloren es parte del “instinto” o saber materno, que muchas han perdido por los mensajes culturales recibidos y por las propias carencias en los estados de dependencia con los propios padres. Es hora de bien informar y devolver el poder que tienen las mujeres para el bien de la humanidad. Devolvámoselo.

Debiera ser prioridad universal de la salud pública mantener a los hijos pegados a sus madres por el tiempo de interdependencia y mutua regulación. Debiera ser parte de los derechos humanos de los niños, estar con el cerebro en calma . Y recibir información verás y no separarnos de nuestros hijos al nacer debiera ser parte de los derechos de las mujeres.

Leslie Power

Psicóloga Clínica.