«Permiso» para cuidar a la hija que yo misma parí.

Hola Revolucionarias y revolucionarios:
Todos los días, recibo, al menos 10 mails, varios mensajes en el chat de Facebook y DMs en Twitter. Agradezco mucho las ventanitas del chats para mandar buena onda, agradecer y ofrecer ayuda… me siento feliz de sentir que la Revolución del Amor tiene buena recepción.
La mayoría de los mails que recibo, son de mujeres angustiadas, ambivalentes entre el trabajo y la crianza. Madres confundidas con lo que le han dicho los pediatras, vecinas, amigas y lo que su instinto de manera tímida les quiere decir. Mujeres apuradas, tristes, exigidas, urgidas por tener todo bajo control, aburridas y cansadas de sentir la crianza como un trabajo pesado del que quieren arrancar.
Muchas, de la madres me piden ayuda concreta y yo, frustrada, no puedo contestar profesionalmente por la vía del mail, este medio que es muy útil me deja corta en estos casos, la comunicación es parcial y no me parece ético contestar por este medio, más que una breve contención y guía. Lamentablemente el mail no me entrega sus caritas, el brillo de sus ojitos ni las lágrimas que sé, caen en el teclado del computador mientras me escriben. Necesito más información, necesito mirarlas, sentirlas y sostenerlas de verdad.
No se imaginan cómo me gustaría poder ser «genia» y resolver a golpe de teclado…
Estoy comenzando a usar skype para trabajar con mujeres de provincia y del extranjero, eso puede ayudar a acercarnos.
Pido disculpas por las tantas veces que he escrito y quizás no he podido cumplir con sus expectativas.
Les dejo un mail de una mujer que me escribió anoche. Al leerla, pude sentir sus lágrimas, en mi cara, que luego cayeron sobre el computador.
«Querida Leslie:
No sé porqué siento esta confianza contigo, quizás porque no nos conocemos y ante ti no tengo que cuidar esa imagen de mujer «casi perfecta» que socialmente se me ha atribuido. Quizás porque necesito desesperadamente hablar con alguien… No sé.
El tema es que anoche, tipo 4 de la madrugada, en una noche más de insomnio y angustia, me puse a escribir para desahogarme y hoy al leer lo escrito, sentí que mi experiencia podría servir para otras mujeres, no sé como, ni qué pueda sacar cada una de mis sentimientos, pero creo que al menos alguien se podría sentir comprendida.
Te lo envío, a ver si consideras que es ad-hock para compartir una parte o todo, no sé. Quizás sea desubicada, en fin! Qué mas da. Solo te pido anonimato. Me muero de vergüenza.
Solo quiero que sepas que al conocer de ti se me abrió una ventanita, es como su alguien por fin me tocara el hombro y me dijera «oye, yo sé lo que te pasa, no eres una dramática exagerada» es como si por fin alguien lograra entender que mi instinto de madre no es una tontera mía.
Te agradezco con el alma lo que haces y el salvavidas que nos lanzas a muchas al ver en ti el espejo en donde encontramos comprensión.
Te mando un abrazo y un besito. Muchas gracias de corazón!
Sentimientos de mamá
Es increíble que hayan pasado dos años y yo siga sintiendo en mi corazón, en el alma, esa angustia que duele, hiere… Imagino como te hirió a ti, pequeña mía. El recuerdo me oscurece, me nubla el corazón y las lagrimas se me atragantan, pero necesito recordarlo, procesarlo, quizás porque nadie me ha oído, lo he contado y nadie me ha escuchado, como si fuera una loca gritando, hablando de algo sin sentido, me hacen creer que es lo normal, que exagero, que «así es la cosa», pero mi ser me grita que no, que debo escucharme a mi misma, que el instinto de madre no exagera, no se equivoca, no miente.
Queda tan poco espacio en esta sociedad para que las mujeres nos sintamos madres, podemos ser profesionales, amantes, expertas en mil cosas, pero madres… Es como retrogrado, sin gracia, fome, poco moderno, y debiera ser lo que más nos enaltezca, ser madre nos hace poderosas, fuertes, inquebrantables y más mujeres que nunca.
Recuerdo cuando debí volver de mi post natal y dejarte en ese Jardin, lindo, con tías amorosas, pero mi corazón se quedó apretado, recuerdo que las primeras semanas iba al medio día a verte, en mi hora de almuerzo, para ponerte a mi pecho, que casi estallaba de leche retenida (como mi amor por ti, callado y retenido)… Tu llanto todavía suena en mi mente, tus bracitos desesperados aferrados a mi, cada día, otro y otro. Sufrías, llorabas sin parar. Y yo, apretaba los dientes y me iba. Te dejaba ahí, contra todo mi instinto. Me decían que no me despidiera, que solo me fuera, pero yo sentía que, al menos,  tenía que despedirme, darte un beso, prometerte que volvería… Cada vez que llamaba por teléfono al Jardin, la Tía me decía que no podía mentirme y que ese llanto que oía por el teléfono, sí, era el tuyo. Que no querías tomar leche, ni recibir nada de ellas.
Y así pasaron dos semanas de dolor. Cada mañana tu y yo quedábamos llorando. Y yo con una culpa fatal, sintiéndome ridícula frente al mundo, porque esto es lo «normal», «así es la vida hoy» son algunas de las frases que oí. Llegó la tercera semana y la Tia me pidió que no te fuera a ver al medio día, porque te hacia peor.. Obediente, lo hice. Y mis medios días se llenaron de angustia y tristeza… Miraba tu foto en mi celular, mientras botaba la leche que tenía que sacarme en el baño para que no me dolieran las pechugas… Pero el dolor de mi alma no se calmaba.
Insisto, mientras escribo, en lo absurda y exagerada que de seguro pareceré para muchos, pero sé que alguien se sentirá identificada (Con una que me entienda, me siento feliz).
En fin, pasaron las semanas y cada día, al salir de mi trabajo, corría a buscarte, con mi corazón deseoso de ti, abrazadas salíamos del Jardín y nos quedábamos  afuera aferradas las dos, unos veinte minutos antes de poder partir en el auto. Ya casi no me salía leche, pero te ponía a mi pecho para sentirme tuya, para sentirte mía. Para unirnos y sentirnos las que éramos antes de esta separación.
Hoy me pregunto si valió la pena, ver como te convertiste en una niñita retraída, desconectada del resto, tímida, «tranquilita» como muchos me decían, como si fuera un cumplido, pero yo solo quería de vuelta esos ojitos locos llenos de luz y alegría. Hoy entiendo que te desconectaste del mundo y de tus sentimientos para no sufrir más. Dejaste de llorar en el Jardín. Pero también dejaste de reír. Y creo que nunca me lo podré perdonar. Y creo que tampoco se lo podré perdonar a tu padre, ni a este país, ni a la vida que me obligó a esto. Ni a mi misma, mucho menos a mi misma. Mi corazón sufre, hoy tienes dos años, y yo trato cada día de recuperar ese tiempo precioso, pero no se puede. Lo perdimos. Hoy tus ojitos brillan otra vez, te ríes de nuevo, pero hay algo entre nosotras que se perdió para siempre, yo lo noto, lo siento. Y me duele el alma, el corazón, los huesos, todo! Trato de compenzar cada segundo que perdimos, pero aunque seamos super unidas y casi nadie pueda imaginar que esto pasó, yo lo viví, así de tremendo, así de doloroso. Aunque parezca exagerada. Y si pudiera evitar que otras madres e hijas pasen por esto, lo haré.
Ojalá a alguien le sirva lo que yo viví. Hay cosas que no se recuperan. Los hijos son nuestra responsabilidad y valen mas que el status, un auto, las cuentas, la profesión, todo. Ellos no pidieron venir a nuestras vidas, frase cliché pero tan cierta. Ellos retribuyen cada muestra de amor que les damos. Y nos dan muchas cosas que no tienen precio y que ni el mejor trabajo podría pagar.
«Pasó», como mi madre dice.
Claro que pasó, pero dejó huellas profundas y dolorosas. Y todo por no tener «permiso» para cuidar a la hija que yo misma parí.

Un abrazo,

E

Publicado por lesliepower

Psicóloga Clínica pacientes adultos. Motivada por dar a conocer las evidencias empíricas en lenguaje simple para cambiar la manera de relacionarnos desde el parto, la crianza... Es urgente una revolución si queremos vivir mejor.

9 comentarios sobre “«Permiso» para cuidar a la hija que yo misma parí.

  1. K tremendo!!! Me siento tan reflejada en la experiencia de esta mamá, tengo a mi hijo en sala cuna y decidí sacarlo, pero igualmente quien lo cuidará no seré yo :'( ….es ahí cuando aborrezco el sistema, mi trabajo, odio tener que «necesitar» trabajar fuera de casa. Solo pido que mi niño sea feliz. Gracias por este espacio de contención bella leslie

  2. Me parece fuertísimo el sentimiento de culpa que generan estas situaciones que se suscitan por el nuevo concepto de sociedad. Yo tambien lo he vivido aunque hace muchos años de esto. Ya soy abuela y les puedo contar como se vive con este sentimiento. Cuando nació la menor de mis hijas (tengo cinco hijos) yo venía del duelo por la perdida de mi padre y mi madre en un lapso de 8 meses y contando conque soy única hija, el pesar era grande y solo para mi. Al año de nacer mi pequeña nos trasladamos a vivir a España. Como imaginarán, con una familia tan grande me tocó buscar piso para instalar una empresa bastante complicada mas otro para organizar nuestro nuevo hogar, con todo lo que conlleva abandonar la ciudad donde has hecho casi toda tu vida hasta el momento. A esta nueva aventura me había acompañado una tía, que era la que se hacía cargo de las tres mas pequeñas mientras yo recorría fabricas de azulejos, pisos, pinturas, vajilla etc.

    Alquilamos un piso de 450m para reformarlo integramente y otro algo mas pequeño para instalar la empresa. Mi marido viajaba constantemente y yo me encargaba de las reformas, mientras tanto vivíamos en un aparthotel.

    En cuanto todo estuvo encaminado yo comencé a trabajar y mi pequeñas se quedaban en casa a cargo de mi tía y el personal de servicio. En cuanto toda esta locura de la mudanza, reforma e instalación se terminó y vino la calma cotidiana me di cuenta que tenía la sensación de haber abandonado a mis pequeños, sobre todo a la pequeña, puesto que desde que tuve mi primer hijo trabajé siempre en mi casa para acompañar su crecimiento momento a momento, dar el pecho, mucho mimo y risas pero ahora no podía repetir esa situación. Los requerimientos de trabajo eran diferentes y yo tenía que salir de mi casa para trabajar ya que tenía muchas otras personas laboralmente a mi cargo.

    La sensación de abandono de la pequeña me perseguía tanto que muchas veces me la llevaba a mi trabajo (podía hacerlo, no muy a menudo, pero . Así fueron pasando los años y yo observando que, efectivamente, su carácter era diferente al de sus herman@s. Era silenciosa, muy observadora, muy apegada a mi pero también juguetona y alegre compartiendo siempre con sus herman@s y ya de mas mayor, muy concentrada en sus estudios. Era una niña excesivamente exigente consigo misma a tal punto que en ocasiones yo le decía que por favor suspendiera por una vez una materia para darse cuenta que un error no es un fracaso y que no daña el resto de la vida. Ella no se lo permitía. Fue brillante en todo siempre y lo que se propuso lo consiguió, no sin esfuerzo. En la actualidad es una mujer maravillosa con su carrera y tres máster. Una gran profesional que se dedica a lo que le gusta. Ha aprendido a ser flexible y buscar la felicidad en las pequeñas cosas sin exigirse tanto a si misma y a la vida. Es feliz con sus alegrías y sus penas como todos en la vida y yo me siento feliz por ella, casi podría afirmar que ella es a la que mas cercana siento. Nos queremos muchísimo, nos conocemos muchísimo también. Nos contamos nuestras cosas y hemos compartido mucho, de echo es la mas parecida a mi, tanto físicamente como en pensamiento y actitud frente a la vida. En la actualidad vivimos geográficamente alejadas, en continentes diferentes a muchas, muchas horas de vuelo la una de la otra sin embargo, hablamos, chateamos y nos comunicamos amorosamente a diario. Cada vez que podemos viajar pasamos juntas un tiempo abrazándonos y mimándonos mucho mucho mucho. Desde hace muchos años, cuando ella era aún pequeña, mi sentimiento de culpa fue reemplazado por el despliegue de un inmenso Amor, comprensión, acompañamiento en la vida, ternura y apoyo incondicional. Me siento tranquila porque veo lo maravillosa persona que es y como se desenvuelve en la vida con asertividad.

    En resumen, si impedimos que aflore la capacidad de reemplazar la culpa (que nos llena de miedo y nos impide avanzar y dar un amor de calidad) por una actitud de amorosa fluidez, estaremos lamentándonos durante muchos años sin ver la maravilla de cada momento. Sé que es doloroso, lo he vivido, sé que uno se siente fatal, mala madre, llena de tristeza y con ese sentimiento horrible impuesto por la sociedad, que a las mujeres no nos perdona nada, si trabajamos fuera porque abandonamos nuestro hogar, si estamos en casa porque somos unas mediocres con lo cual nos convertimos en invisibles, inservibles y sin valor alguno, lo mejor y que a mi me ha servido mucho, es acompañar el tiempo que podamos sin angustias y con calidad a nuestros pequeños por la vida en todos los sentidos. Formarlos emocionalmente con besos, abrazos, caricias, compartir espacios (desde una silla apretaditos, la cama, una tienda de campaña, lo que sea) compartir momentos, compartir dolores abrazados, alegrías jugando, gritando, saltando y riendo, experiencias (estudiar insectos, plantas, flores, arboles, ríos, mar, arenas de diferentes colores y el por que, piedras… y una infinidad de etc.) jugar, pasear, hacer excursiones, viajecitos, cine, teatro, y cualquier cosa que se les ocurra, también está muy bien, en días lluviosos o fríos, quedarse en casita, todo el día en pijamas leyendo o compartiendo alguna receta de cocina fácil, dormir una buena siesta. El tema es compartir amorosamente. El Amor disuelve todo, culpas, tristezas, amarguras y desasosiegos. Es lo mejor. Mucha caricia, abrazo, beso y apretones de esos que hacen reír de lo fuertes que son. ¡¡Alegría chicas!! Nosotros las madres tenemos la responsabilidad de la plenitud de nuestros hijos así que no podemos ir por la vida llenas de pena, no es un buen ejemplo para ellos.

    Yo ya tengo 62 casi 63 años y 8 nietos con los que, a pesar de que sigo laboralmente activa, son mis compañeritos de juegos, aventuras, secretos y mucho amor y las mamás (mis hijas) felices de que así ocurra.

    En la vida, todo pasa y como me dijo en una ocasión mi hija mayor «Mamá, esto que ahora te angustia, dentro de 5 años no significará nada» Es cierto, uno en el momento no lo cree así y se culpa porque si lo cree parecerá insensible pero en realidad es así y debe ser así. No hay para que sufrir. Hay que aprovechar el sufrimiento convirtiéndolo en alegría y compartirla con los seres que mas queremos y con los que necesitan de nosotros de una u otra forma.

    Gracias por la oportunidad de poder exponer mi experiencia y punto de sentir.
    Un abrazo a todas y recordar… «Esto también pasará»
    Beatriz

    1. beatriz! que consuelo encontrar tu punto de vista! me identifique muchísimo con el relato de la carta… Es difícil, mi nena tiene 2 años y no puedo darme el lujo de dejar de trabajar o hacerlo desde casa o menos horas …ya analice muchas posibilidades pero ninguna es viable…
      He aquí embarazada de 5 meses! y me surjen tantas dudas, tantas culpas, tantas necesidades… Por suerte cuento con el respaldo de mis padres y suegros que son en realidad quien cría a mi hija, con ellos esta la mayor parte del día…Ojala cuando mi chiquita sea ya una mujer pueda sostener ese lazo tan relevante madre-hija incondicional como lo siento hoy ! saludos a todas y adelante!
      Alejandra

  3. Gracias por compartirlo, muchas gracias: me gustaría poder compartir este post en distintos sitios y pasa que en mi computador la letra del testimonio se lee pequeñísima, será posible agrandarla?..un abrazo enorme!!

  4. Tu carta acaba de darme fuerza para tomar y retomar una decisión. Te lo agradezco. ¿Sabes? Yo no la pasé muy bien cuando niña… mi niña interior sin embargo, aún espera que le pidan perdón porque sabe que eso aún hoy podría sanarme a mí, la adulta y la que hoy es madre. Puedo decirte que el tiempo no se ha perdido y que eres valiosa por darte cuenta de esto, quizás algún día le puedas pedir perdón a tu hija y abrazarse y sanar. Mucho amor para ti.

  5. Lo viví igual cuando me incorporé tras la maternal de mi primera hija, horrible. Cuando tuve el segundo cogí una excedencia de un año, a pesar de la incomprensión de mi entorno pues yo tenía un buen trabajo, peto sabia lo que sentía y no quería volver a hacerlo mal.
    Leí un libro muy criticado ‘Los siete mitos de la mujer trabajadora’ y creo que dice grandes verdades que no se quieren oir.
    Un beso

  6. La sociedad y el sistema, nos marca hasta la edad en la cual «podemos » ser madres, después de terminar los estudios universitarios, si es antes, es un «error». Tengo 21 años, y últimamente, me han bajado unas ganas de ser madre, de tener a un ser que nazca de mi, pero obviamente no sera bien visto, hacerlo ahora cuando falta tan poco para egresar, y cuando mi pololo aun estudia, están tan acostumbrados a la idea de madres, que son madres jóvenes sólo por que no se tomaron la pastilla que le correspondía o no se cuidaron como debía, que la opción de tener un bebe, si que esas condiciones ocurran es casi una aberración para la cultura sexual. Siempre he pretendido ser madre y poder entregar lo que una mujer puede hacer por sus hijos, esa conexión tan intima y tan humana, que sólo espero, poder terminar la carrera, juntar un poco de dinero, y tener un hijo.

  7. Ufff, no se como llegue aquí pero mi decisión de ser madre presente, (me refiero a ser madre, trabajadora independiente, dueña de casa y un sin fin de cosas que uno hace) me costó mi matrimonio, un marido que no me valoraba por que no tenía trabajo de tiempo completo en oficina (sin una necesidad económica, nuestra situación era estable), parece que eso fue lo que más le molestaba, mis días son de 19 horas «laborales», un trabajo continuo sin descanso y sin derecho a estar mal o enfermarse, por que eso era lo que me sucedía, no tenia derecho a estar mal, sólo por el hecho de trabajar desde casa y cuidar de mi pequeña.

    Es una lástima y un error tremendo que nos menosprecien por tratar de educar y cuidar a nuestros hijos, Ahora sigo sola luchando con mi hija, llena de amor, alegría y gratificaciones, veo que la opción que tomé fue la correcta, ya ha pasado tiempo, lo suficiente como para entender que valió la pena.

    Son tan pocos los años que podemos brindar les una base llena de valores, amor, sabiduría emocional, autoestima, confianza, y muchas otras herramientas que les servirá para el resto de sus vidas, y a nosotras el resto de la vida para dedicarnos a nuestros trabajos, ya que eso he aprendido, con los años nuestros niños crecen y hacen sus vidas.

    Mi ex siempre me recriminó por que no me veía realizada profesionalmente… Era extraño por que yo sentía todo lo contrario, me sentía y me siento realizada, ya que puedo ser madre, trabajadora independiente, nana, contadora, doctora, amiga, ser todo lo que una mujer mamá hace. Y doy gracias día a día, que lo puedo hacer. Por que entiendo que muchas veces por necesidad las madres deben dejar a sus peques por salir a trabajar muchas horas para sostener un hogar…

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