Vamos por un sueño feliz

Escribo esta entrada mientras mi hijo de 3 años y 3 meses, Julián, me muestra claras señales de que quiere dormir. Me fue a buscar al escritorio y me dijo: “Quiero que me acompañes”. “Claro, amor”; le respondí y desenchufé el computador para llevármelo a la cama con él. 


En estos momentos su mano izquierda está agarrando mi oreja. Tocar sus orejas o las de otros seres de confianza (como yo, su papá y la señora que por algunas horas lo cuida), es señal de deseo de compañía. Si no respondo luego a ese estímulo, pronto puede que se active, irrite o no sepa bien lo que quiere y surja una pataleta.


Acá estamos los dos, en la cama. Él agarra mi oreja y yo escribo. Escribo para mí, para ustedes y para los futuros niños del planeta. Continuando un círculo de protección que muchas mujeres y hombres hemos comenzado con el objetivo de «Un Sueño Feliz».


Desde que mi hijo nació, duerme con nosotros. Tiene una cuna grande pegada a mi cama, sin barrotes. Debo decir que nunca he tenido que mecerlo para dormir. Lo que hacemos es que me acuesto junto a él y, dependiendo de su edad, ha manifestado distintas conductas hacia mí. Al comienzo (hasta más o menos 1 año 6 meses) el proceso era rápido: un poco de pecho y listo, dormido. Luego, me acostaba y él se subía y bajaba de la cama para saltar sobre mí, hasta que de pronto caía profundo. Y así, simplemente le fui ofreciendo mi calor, cuerpo, pechos y olor, para calmarlo; y una vez seguro, comenzaba a dormir.


Como me gusta leer, esta forma de acompañarlo a dormir me acomodaba también a mí, y así muchas veces pude continuar mis lecturas. Como también le canté canciones de cuna, las mismas que me cantó mi abuelita Nana. Ya hemos visto que las historias se repiten.


Cuando era más chiquitito despertaba por la noche y bastaba una manito para el lado (a su cama colecho) para tocarlo, asegurarlo y se volvía a dormir. Antes le daba pecho, mientras los dos estábamos adormilados, incluso dormidos. Hoy, algunas veces quiere hacer pipí, así que nos despertamos, vamos al baño y volvemos a la cama. Nunca ha tenido que llorar para conseguir el sueño. Y solo alguna noche de fiebre he dormido mal y peor él. Compartir la cama con mi hijo ha permitido que todos tengamos un buen sueño.


Un día me enteré del método Estivill y su libro “Duérmete Niño”, por una amiga que comentó que lo aplicaba con su hija. Mientras iba relatando en qué consistía “el método”, se me iba cayendo la boca y abriendo los ojos. Le pregunté ingenua: “¿No te duele el corazón escucharla llorar?”. “Sí… pero no se acordará”, me dijo.


Volví a casa a averiguar: ¡Qué dolor! ¡Estivill, no! Simplemente no, porque no. Porque eso no se hace. Le doy besos a mi hijo porque sí, porque me nace. No lo dejo llorando y le ofrezco mi seguridad porque sí, porque me nace. Eso ha dicho mi instinto, mi saber materno, el de mi hermana y el de millones y millones de mujeres y hombres por el mundo. No lo hago porque alguien me dijo que eso era lo correcto o incorrecto, sino que porque me nace. No me es natural dejarlo llorar. ¡Soy su madre! Si no cuenta con nosotros, sus adultos cercanos, para asegurarlo ¿quién lo va a ayudar? Ese método duele. Duele el corazón, el estómago, el cuello, duele todo.


Ahora bien, como se nos ha adormecido el corazón y atrofiado la capacidad de amar, muchas veces necesitamos ciertas explicaciones científicas y datos “duros”. Pero esto simplemente se trata de humanidad y de buenos tratos. A continuación detallaré una explicación de lo anterior:


El cerebro humano contiene muchas estructuras. Una de ellas es el neocórtex, que se ubica por delante del cerebro, por nuestra frente. Esa estructura se encarga del pensamiento, la atención, la vigilia, etc., por lo tanto, necesita desconectarse del mundo para poder entregarse a los brazos de Morfeo. La manera que tiene el neocórtex de desconectarse es relajándose y para eso, debe sentirse seguro, plácido y tranquilo. De lo contrario, si está alerta y asustado, hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina, se apropiarán del cerebro. Y es así como los más pequeños lloran y lloran; y los más grandes caminan en busca de apego y calma, para poder desconectarse y descansar.


Algunos adultos usan benzodiacepinas, alcohol, música clásica, hacen el amor  o consiguen auto aliviarse para lograr dormir. Bien o mal, pero duermen. Los adultos de alguna manera podemos autogestionar nuestro estrés. Pero los niños, NO cuentan con esa capacidad.


Los bebés, nuestros hijos, luego de llorar y transpirar, afirmándose con fuerza de los barrotes de la cuna, en plena oscuridad y a solas, se duermen. “¡Santo Estivill! Hemos conseguido que el ‘tiranito’ se duerma. Por fin, quien nos vino a desarmar nuestra rutina, está en silencio… ha dejado de llorar. Y comprendió además nuestras palabras: ‘Hijo, tranquilo. Te amo, es hora de dormir”.


Falso. Un niño menor de 4 años no tiene la capacidad del lenguaje desarrollada. Por lo tanto, la cercanía corporal es clave para su tranquilidad: cuerpo, cuerpo y cuerpo.


¿Saben por qué un niño “entrenado” deja de llorar y se duerme? Porque es inteligente y se adapta. Su cerebro se liberó del estrés secretando opiáceos naturales y se durmió. Cayó rendido, dormido entre sollozos. Aprendió que en la oscuridad no cuenta con nadie, mientras su memoria implícita almacena sus angustias.


Leslie Power

Psicóloga Clínica


Pd. Escribí esto en 25 minutos. Mi hijo duerme y ya soltó mi oreja.

La crianza puede ser tanto más simple si somos más naturales, más mamíferos humanos que humanos mamíferos llenos de métodos.


¡AVISO!


Madres blogueras, profesionales, dueñas de casa, hombres nuevos, jóvenes sin hijos pero con ética y amor: hemos decretado para este viernes 29 de junio el Día Mundial del Sueño Feliz. Están todos los mamíferos humanos invitados a desmontar a Estivill.


En Twitter: #desmontandoaestivill para conseguir sea TT (trending topic).

En Facebook pueden unirse al grupo y seguir estos enlaces para difundir en sus muros, siempre usando “Desmontando a Estivill”  NO al Duérmete Niño.http://www.facebook.com/groups/271121252994814/?ref=ts

Encontrarán excelentes links sobre sueño feliz para sus hijos y para ustedes.

 

Publicado por lesliepower

Psicóloga Clínica pacientes adultos. Motivada por dar a conocer las evidencias empíricas en lenguaje simple para cambiar la manera de relacionarnos desde el parto, la crianza... Es urgente una revolución si queremos vivir mejor.

2 comentarios sobre “Vamos por un sueño feliz

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